Anekdotas del saléu nes buries agües de internete.
Anekdotas de la navegación en las borrascosas aguas de internete.

14 junio 2006

"los personajes ricos tienen busto

Marta Sanz

"los personajes ricos tienen busto o senos y los personajes pobres tienen tetas"

Luis García

Dice la ficha de Marta Sanz, madrileña, que Susana y los viejos es una reflexión sobre la cobardía y contra la idea de que el amor es blandenguería o renuncia. Dice que describe un microcosmos familiar que muta, se radicaliza y puede llegar a quebrarse. Amores y desamores, pasiones y odios marcan un juego de espejos en el que la autora pone de manifiesto la frágil frontera de las convenciones y entra de lleno en las confrontaciones generacionales, sexuales y de clase. Será eso y mucho mas, una novela coral de mujeres y hombres que sólo saben ver a través del filtro de un estereotipo.
Dice muchas cosas, pero se olvida que estamos ante una autora valiente en sus postulados literarios, experimental y un poco agresiva. Susana y los viejos, finalista del Nadal 2006, va a dar mucho que hablar o escribir. Seguro.

Pregunta: Empecemos por el principio. ¿Cuándo y cómo empezó a escribir Marta Sanz?

Respuesta: Empecé a escribir muy pequeña, porque mis padres son grandes lectores y por el placer de jugar con las palabras y de contar historias. Creo que me seducía la materia fónica del lenguaje, la sonoridad de algunos nombres y también las volutas de la caligrafía. Escribía ficciones con las que después inventaba juegos o que formaban parte de ellos. Cuando era adolescente, escribí mucha poesía mala. Pero mi dedicación real a la literatura comienza, cuando entro en la Escuela de Letras de Madrid, y conozco a Constantino Bértolo. Allí descubro casi todos mis vicios y algunas de mis virtudes y me doy cuenta de que casi no puedo evitar dedicarme a la escritura.

P: ¿Y qué es Susana y los viejos, novela con la que ha quedado finalista nada menos que del Premio Nadal 2006?

R: Es una novela extraña, en la que se le da la vuelta al pasaje bíblico del Libro de Daniel, para desvelar algunas zonas oscuras de nuestra doble moral. Concretamente las zonas que tienen quever con nuestra vivencia de la decrepitud, la vejez, la enfermedad y, finalmente, la muerte. Susana y los viejos se adentra en esos territorios con la idea de que el sentimiento trágico de la vida nunca debería arrebatarnos la alegría de vivir ni las ganas de transformar el mundo. Es una novela política que habla de emociones cotidianas con un sentido del humor cercano a lo buñuelesco.

P: Estamos ante una historia cruda, de esas que los críticos suelen “pelar” con su pluma.... No en vano se te considera una fiel exponente del “realismos sucio”. ¿Estás de acuerdo con dicha apreciación?

R: No. Yo no hago realismo sucio ni realismo social o socialista, aunque no tengo absolutamente nada en contra de la segunda de estas corrientes, pese a su demonización sistemática en el ámbito de la literatura española contemporánea. Como dije la noche de la entrega del premio Nadal, yo creo que hago realismo de terror o terror realista, en el sentido de que, si como decía Freud, el terror consiste en hacer extrañas las cosas cotidianas, nuestro mundo está plagado de elementos de extrañamiento, de violencias y de injusticias que convierten la realidad en un lugar a menudo inhabitable. Yo apuesto por ver el horror en primer plano, por desvelarlo, para poderlo combatir. Por otra parte, en Susana y los viejos, al ahondar en la cuestión de la doble moral en relación con ciertos asuntos escatológicos era lógico que aflorase el concepto de tabú, expresado a través de la metáfora de un cuerpo que, dependiendo de a quien pertenezca, no se nombra de la misma forma. De ahí, el sentido de ciertas palabras malsonantes en la novela.

P: Es difícil (supongo) perfilar esos personajes, a decir de algún critico un tanto inverosímiles.... ¿cómo lo hiciste?. Es decir.... ¿hay algo de autobiográfico en ello?

R: Bueno, te recuerdo que además de la crítica que apuntas se han escrito otras dos que hablan de la novela en un sentido muy diferente. Me refiero a la publicada en Babelia y a la del ABC de las artes y las letras. Creo que es normal que un texto arriesgado como el mío, se lea desde distintas posiciones y sea fruto de distintas valoraciones. En todo caso, creo que mis libros siempre se han leído con mucho respeto y, en este sentido, yo tengo mucho que agradecerle a la crítica, tanto a la buena como a la menos buena. Obviamente, a mí mis personajes no me parecen inverosímiles. Me parecen antipáticos a ratos, pero no inverosímiles, porque estoy experimentando con un género en el que la hipérbole constituye un recurso fundamental: al mirar la realidad en primerísimo plano, al contarla desde sensibilidades muy marcadas, al profundizar en una indagación psicológica que se coloca en las antípodas de la economía de medios, de la selección de rasgos para construir al personaje. En Susana y los viejos yo no he querido ahorrar ningún detalle y, por este motivo, quizá cierto lector puede sentirse desbordado, porque no se va a encontrar con caracteres encerrados en un molde ni comprensibles al primer golpe de vista. Creo que a veces lo inverosímil se confunde con lo imprevisible o con lo excesivo. Y yo no he querido reflexionar ni construir a mis personajes con economía, sino con una exhaustividad que los hace singulares. Creo que en la vida real sucede lo mismo: si te concentras en alguien inteligente, valoras sus actos, sus razones, pretendes llegar hasta sus últimos resquicios, esa persona se distingue de las otras, brilla, es diferente, compleja, más inaccesible cuanto más la contemplamos... Ese ajuste entre ficción y realidad es lo que para mí dota un texto de verosimilitud, no su previsibilidad dentro de los límites de un género. Y de autobiográfico, nada: observé, me emocioné, reflexioné sobre las muertes que viví, pero nunca pretendí trazar retratos ni calcar peripecias de mi biografía.

P: Nunca me han gustado, las etiquetas, aunque les reconozco el valor de que quien en ellas se encuentra, es que tiene algo que decir. ¿Qué pretendes contarnos en Susana y los viejos?

R: Pretendo hablarte del amor y de la muerte, de la confrontación sexual y de clase, de lo que pasa dentro de las habitaciones y de los espacios públicos, de los ritos y de las ceremonias compartidas, de qué pasa cuándo alguien no ama como se espera que debe hacerlo. Y aspiro a contarte todo eso, colocándote en una posición incómoda: en la de los viejos del cuadro de Susana. En la posición vouyerística de esos viejos que al mismo tiempo que desean y juzgan, son deseados y juzgados. Como los propios lectores. El pasaje bíblico me fascinaba por su contenido moral, pero también porque, con sus distintas versiones pictóricas, se pone de manifiesto que es una metáfora de la mirada, de la lectura y de las implicaciones que conlleva leer desde un lugar u otro. Además tanto la Susana de los cuadros, como la de la novela, son personajes que ofrecen, al contemplador, al lector, una desnudez llena de pureza. En el ojo a menudo es donde está la viga, no en el objeto de la contemplación.

P: Te digo lo anterior, porque el que se te etiquete no es malo en si mismo..... aunque puedan estar (podamos, que lo estaremos) equivocados....... ¿Crees que será entendido, por ejemplo, el lenguaje que utilizas?

R: Yo creo que sí, porque realmente mi lenguaje no es malsonante ni soez ni escandaloso. A mí el escándalo no me interesa nada, del mismo modo que el eufemismo sólo me interesa como opción ideológica y cultural encubridora. La piedad que encierra el eufemismo me parece una piedad malsana. Por eso, en esta novela los personajes ricos tienen busto o senos y los personajes pobres tienen tetas; los personajes sanos tienen agujeros de la nariz y los enfermos, orificios nasales... Las palabras elegidas para describir a un personaje lo construyen; en literatura, parto de la firme convicción de que no existen dos maneras distintas de decir lo mismo y a veces hay que recurrir a la palabra más negra. Por otro lado, trato de cuidar muchísimo la calidad de página, cómo suenan las frases al ser leídas en voz alta, las texturas del lenguaje. Yo soy una escritora fascinada por el código, pero que no se quiere quedar ensimismada dentro de él, tal vez por eso no me siento atraída por la metaliteratura, porque, como dice Jenaro Talens, es una coartada para no tener que hablar de lo que de verdad importa.

P: ¿No temes que sea tachado de políticamente incorrecto?

R: No. La literatura, entre sus estrategias de marketing, tiene la de haber fagocitado lo políticamente incorrecto. Lo políticamente incorrecto es vendible. Tal vez, por esa razón, cuando publiqué “Animales domésticos”, yo dije que mi novela era incorrectamente política y no políticamente incorrecta. Y no era precisamente un juego de palabras.

P: ¿Cómo ve Marta Sanz su carrera literaria con la perspectiva de quien fue Premio Ojo Critico con su anterior novela, Animales domésticos, y finalista del Nadal con Susana y los viejos?

R: Con mucho miedo, con mucha modestia y con una gran conciencia de que el relumbrón de los premios es algo efímero. Yo sé que me voy a tener que esforzar mucho para seguir publicando, porque el tipo de literatura que yo pretendo escribir o, lo que es lo mismo, mi visión de la literatura no se ajusta demasiado a ciertos cánones vigentes en el campo cultural.

P: ¿Estaríamos ante un mundo narrativo propio?. Porque Susana y los viejos mantiene ciertas similitudes con su anterior novela...

R: Puede ser, pero no sé si yo soy la persona más indicada para responder a esa pregunta. Esa pregunta necesitaría una lectura externa a mí misma, ajena, con perspectiva. Y sí, hay similitudes con Animales domésticos, pero que se limitan a la utilización de la familia como catalizador de la narración, como caldo de cultivo sentimental e inmediato, en el que se proyectan valores y creencias culturales compartidos; sin embargo, desde un punto de vista temático, creo que Susana y los viejos se relaciona directamente con mi segunda novela, Lenguas muertas, que también era una propuesta materialista, racionalista, antisentimental y, en cierta medida, anti-metaliteraria. La novela se abría con una cita de Valle: “Toda la literatura es mala”.

P: ¿No tienes un poco de vértigo, de pánico escénico?

R: De momento, no, porque soy consciente de que esto se pasa enseguida. Cuando tenga otro manuscrito debajo del brazo, ya veremos...

P: ¿Qué autor o autores sigues con especial atención?

R: Sigo todo lo de cerca que puedo a Coetzee. Y, aquí, sigo con atención a mis amigos que son muchos y variados. Soy una lectora muy sentimental.

P: ¿Y qué estas preparando actualmente, aparte de disfrutar de tu Premio?

R: Tantas cosas que son lo mismo que ninguna. Nada. No quiero dejarme arrastrar por la inercia del premio. Quiero pensar despacito y sólo salir al ruedo literario, en el caso de que esté segura de que tengo algo que contar. Además, hoy por hoy, tengo la gripe. Como casi todo el mundo.

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