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Anekdotas de la navegación en las borrascosas aguas de internete.

29 marzo 2007

Entrevista con Paul Preston


Es uno de los hispanistas británicos más distinguidos. Sus libros son de consulta obligada para comprender ese período negro de la historia española contemporánea que fue la guerra civil y el franquismo. Sus investigaciones sobre nuestro pasado reciente lo convierten en una referencia bibliográfica imprescindible. Se llama Paul Preston (Liverpool, 1946), exhibe un humor extraordinario y maneja un discurso didáctico, incisivo y a ratos demoledor. Ahora los ripenses tienen una magnífica ocasión para escucharle. El miércoles 28 de marzo aterriza en nuestra localidad para dar la conferencia ‘Franco: el gran manipulador’.

Desde su residencia londinense, y en un español perfecto, Paul Preston habla para ‘RD’ sobre la memoria histórica, la coyuntura política actual que está reabriendo la cruda disyuntiva de las dos Españas y las discrepancias históricas alentadas por sectores conservadores empeñados en repartir las culpas por igual entre vencedores y represaliados. El nombre de este investigador va asociado a una larga relación de hispanistas británicos –Hugh Thomas o Ian Gibson- que durante mucho tiempo fueron de consulta obligada ante la opacidad y el unilateralismo histórico exhibido por las versiones oficialistas de los herederos del régimen franquista. Los títulos de sus obras son una ventana abierta que ayuda a comprender mejor nuestro pasado (‘Franco: caudillo de España’, ‘La Guerra Civil’, ‘Las tres Españas del 36’ o ‘La política de la venganza: el fascismo y el militarismo en el siglo XX’). Recuerden bien el día que Preston llega a Rivas, al CERPA (28 marzo, 19.30 horas). Él promete una charla enérgica y tenaz, de las que no dejan indiferente.

P. ¿Qué memoria tenemos los españoles de la Guerra Civil?
R. Cada uno tiene una memoria distinta, evidentemente, y hay mucha gente que ni piensa en eso. Pero digamos que hay dos grandes memorias. La memoria republicana y la memoria franquista, totalmente distintas. La primera resumida en todo el trabajo de las asociaciones de recuperación de memoria histórica y de los historiadores que trabajan sobre la represión franquista en la memoria de los familiares, de los represaliados. Se trata de una visión muy crítica del franquismo, una memoria que piensa que todo el régimen era ilegítimo porque procedía de un golpe de estado contra un régimen legítimamente constituido y democráticamente elegido. Luego hay otra memoria simbolizada por las tertulias de la COPE y los libros de Pío Moa y César Vidal, que es una memoria que piensa que el franquismo fue muy positivo. Es una memoria que no quiere que se haga memoria. Y está en contra de lo que ellos denominan remover las cenizas. Son dos posiciones enfrentadas.

P. Y no hay una tercera memoria, o mejor, la desmemoria, que no se posiciona ni de un lado ni de otro.
R. Si quieres que te vaya repasando uno por uno la memoria de los 44 millones de españoles seguramente encontraremos a los que les da igual. Yo, personalmente, creo que no hay vía de en medio, no hay tercera vía. O piensas que el golpe de estado era ilegítimo, y eso es lo que pienso yo, o piensas que era necesario para salvar España.

P. Hablas de César Vidal y Pío Moa. ¿Hacen historia, son investigadores?
R. No, hacen propaganda. Revisar la historia es algo que hace constantemente todo historiador solvente, descubriendo nuevos documentos, nuevas líneas de investigación. Las preocupaciones políticas de cada época y de cada generación cambian, y varía nuestro enfoque de la historia, con lo cual, los historiadores están revisando constantemente. En el caso de los mencionados, no están revisando, están repitiendo los lugares comunes de la propaganda franquista, añadiendo alguna técnica de la telebasura. A veces, lo que escriben es hasta divertido, sobre todo para el lector neutral, o para el lector muy de derechas. Porque es una prosa, hablo de Pío Moa, muy amena, salpicada de insultos a los otros historiadores, y con unas posiciones muy sencillas donde todo es blanco o negro, lo que facilita la lectura. César Vidal es otra cosa, porque su producción es tan colosal que no sé cómo una persona puede hacer tantos libros sobre distintos temas, publicando miles y miles de páginas al año. Es imposible para una sola persona teclear tanto y hacer investigación.

P. Frecuentemente citas a Franco y Hitler de manera conjunta, pero esa comparación suscita malestar en ciertos sectores sociales. Mientras casi toda Alemania repudia a su dictador, aquí no sucede lo mismo, ¿por qué?
R. En parte es consecuencia de que el franquismo persistió 30 años después del final de la Segunda Guerra Mundial. En Alemania, el hitlerismo fue derrotado por una invasión, y, en cierta medida, fue impuesta la democracia. La dictadura alemana terminó con la destrucción total del país, con lo que es de nefasta memoria. Y ha habido 30 años de investigación de los crímenes del régimen nazi y la matanza de los judíos. En cambio, en España, la dictadura persistió 30 años después del final de la Segunda Guerra Mundial. Y aunque fue un desastre económico hasta comienzos de los años 60, durante la dictadura, yo diría que a su pesar, se experimentó un crecimiento económico que muy hábilmente se asoció con la propia dictadura. Entonces nos encontramos con muchísima gente que sacó provecho de la dictadura y la represión. Mucha gente piensa, y tienen razón, que ellos vivían mejor con Franco. Y la imagen del tardo franquismo no tiene mucho que ver con el franquismo brutal y fascista de la Guerra Civil.

P. Nicolás Sartorius dice que instituciones como la eclesiástica y la judicial no apoyaron el franquismo: eran el franquismo.
R. Pues claro, gran parte de la jerarquía eclesiástica formaba parte del franquismo. De eso no cabe ninguna duda.

P. ¿Por qué tantos hispanistas británicos?
R. De entrada, en Inglaterra hay muchísimo interés por la historia de otros países, mientras que en el continente europeo, en general, las universidades donde se estudia historia suele estudiar la del propio país. No es que los ingleses estemos obsesionados con España, es que estamos obsesionados por el exterior. Por eso hay tantos alemanistas, prusistas, latinoamericanistas.

P. Y todo el prestigio acumulado por ustedes, además de merecido, ¿se debe a que durante mucho tiempo sólo tuvimos la versión oficial del régimen?
R. Confluyen varios elementos. Por un lado, no cabe ninguna duda de que durante el franquismo era imposible estudiar libremente la historia reciente de España. El régimen tenía su versión de sus propios orígenes, y eso daba un valor añadido a los extranjeros que sí escribían con libertad sobre el tema. Después de la muerte de Franco, ha habido un resurgimiento de la historiografía española, con obras magníficas. El problema es que mucha de la producción seria de la historiografía española no está dirigida al gran público. Hay una historia muy académica que no llega al gran público, y hay una historia un poco novelada hecha mayormente por periodistas. En medio, existe una historia muy solvente, muy seria, basada en archivos y a la vez amena, que es la marca registrada de los hispanistas. Ahora hay autores en España que lo hacen de maravilla, como Julián Casanova o Santos Juliá.

P. ¿De dónde le viene el interés por la Historia española?
R. Nací en 1946, justo después de la Segunda Guerra Mundial. Mi familia había sufrido mucho en la guerra. Toda mi infancia y adolescencia transcurrieron en un ambiente donde se hablaba mucho de ella. Mi gran pasión era saber por qué hubo esa guerra. Cuando estuve en la universidad aún era difícil estudiar la Historia contemporánea. En 1968 surgió la posibilidad de irme a otra universidad y dedicarme un año a estudiar la Historia de la Guerra Civil, que me interesó como prolegómeno de la Guerra Mundial. Pero me iba apasionando por lo que leía sobre la Guerra Civil española. Era un tema en el que había un microcosmos de la historia de Europa del momento: fascismo, comunismo, socialismo, liberalismo, anarquismo, con todos los grandes personajes, Hitler, Mussolini, Stalin. España era como una cornucopia. Enseguida agoté lo que había disponible en inglés, y decidí hacer un esfuerzo para aprender castellano. Fui a España, por primera vez, a finales de los años 60. Fue una especie de flechazo. Me encantó todo. La gente, en Inglaterra, me decía que la comida española no me iba a gustar, y me encantó. Me encantó la manera de ser de la gente. Y ese flechazo se convirtió en una especie de matrimonio estable.

P. ¿Hasta qué punto parte de la derecha actual española es heredera del franquismo? El PP aún no ha condenado oficialmente la dictadura.
R. También eso es consecuencia de lo que decía antes, de la gente que de alguna forma fue condicionada o incluso sacó provecho del franquismo. Esa gente constituye parte del electorado del PP. Y es evidente que el PP no va a ir en contra de su electorado. Aunque a la larga es un error político de su parte.

P. ¿Por qué es un error?
R. ¿Quieres que te dé las claves, porque igual lo leen y cambian de política?

P. Si es para el bien del país, adelante.
R. El PP va arrinconándose cada vez más hacia la extrema derecha, lo que da un espacio de centro al PSOE, y eso a la larga es positivo para la fuerzas progresistas de España.

P. Gran Bretaña y España comparten el azote del terrorismo islámico. En nuestro país, lo sucedido el 11M es utilizado como arma de confrontación política. ¿Por qué en su país no ocurre lo mismo?
R. En Gran Bretaña la amenaza terrorista ha provocado la unión de todo el espectro político. Esto es consecuencia de que aquí llevamos más de un siglo de democracia moderna. Entre los partidos hay una especie de acuerdo tácito de que cuando se producen cambios gubernamentales después de las elecciones no se va dispuesto a destrozar todo lo que ha hecho el partido anterior en el poder. España lleva a penas 30 años de democracia. Y la memoria del franquismo es aún muy fuerte. La crispación procede todavía de ahí.

P. ¿Nos falta madurez democrática?
R. Creo que le falta madurez al PP. En el tema de ETA, por ejemplo, el hecho de que el PP quiera constantemente sacar provecho electoral de las dificultades del proceso de paz me parece, como mínimo, un alarde de miopía. Pero yo no estoy en España. Es un poco absurdo que juzgue la política actual española porque no la sigo tanto.

P. ¿Cómo juzgará la historia la guerra de Irak?
R. Como un error colosal por parte de los que hemos ido allí. España pudo corregir su error. Gran Bretaña, todavía no. La guerra fue un acto de imperialismo motivado por la búsqueda de fuentes energéticas. No sé si ellos lo consideran un error, pero yo sí, es un error para la humanidad.

P. Decía E.H. Carr que la historia es el diálogo entre presente y pasado. Según la época en que vivamos, nuestra interpretación de los hechos varía.
R. Claro, es lo que decía antes. La historia constantemente se revisa. Y unos de los motivos es que el presente nos hace ver el pasado de otra forma. Te doy un ejemplo, yo ahora estoy terminando un libro sobre corresponsales de guerra durante la Guerra Civil española, y me ha dado muchas ideas ver cómo los corresponsales trataban hoy en día la guerra civil en Yugoslavia o la guerra de Irak. Lo que vemos a nuestro alrededor afecta a nuestra visión del pasado. Y cuando hablamos de objetividad, yo siempre digo que es imposible una objetividad totalmente aséptica, porque un historiador siempre tiende a aplicar sus propios valores éticos a lo que vea en el pasado.

P. Lo que sí que existe es la honestidad con la que un historiador debe acercarse a un acontecimiento.
R. Totalmente de acuerdo

Autor: Redacción

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