Anekdotas del saléu nes buries agües de internete.
Anekdotas de la navegación en las borrascosas aguas de internete.

21 julio 2007

¡Viva "El Jueves"!

Ni lunes. ni martes, ni miércoles,... ¡Viva "El Jueves"!
Ya saben, un juez de la Audiencia Nazional, el tribunal político que en su momento substituyó al Tribunal de Orden Público (TOP) del franquismo, ha secuestrado el último número de la desternillante revista de humor "El Jueves". Al parecer, una caricatura de dos famosos de la familia real ha sido el motivo. Ambos individuos (él y ella) viven sin dar golpe y a costa del erario español; sin embargo, no aguantan una broma. A su servicio tienen los tribunales y jueces españoles para que actuen a su gusto y medida. Esas personas, que a nosostros particular y libremente, no nos merecen ningún respeto por la senciulla razón de que no se lo han ganado, necesitan un poco más de sentido del humor y, sobre todo, preguntar a los españoles, en voto secreto y referendum libre, si les queremos donde están o currando como todo hijo de vecino y sin las ventajas que para ellos y sus familiares establece la Constitución española del 78. AH!, por cierto, además de Viva el "Jueves", decimos "Viva la República". Cacicadas como esta nos la acercan un poco más.

Bernal Blog

20 julio 2007

"Si lo que querían es que no lo viese la gente, ahora va a salir en todos los medios"

"Albert Monteys, director de El Jueves: "Si lo que querían es que no lo viese la gente, ahora va a salir en todos los medios"

20MINUTOS. 20.07.2007 - 16:01h
  • El director de la publicación secuestrada se muestra sorprendido por la decisión judicial.
  • Los responsables de la publicación achacan lo ocurrido a que la viñeta apareció en un programa televisivo de gran máxima audiencia.
  • Lo considera un ataque a la libertad de expresión.

El director de El Jueves, Albert Monteys, se ha mostrado, en conversación telefónica con 20minutos, fráncamente sorprendido por la decisión del juez Del Olmo de secuestrar el último número de la revista, que "acababa de ser comunicada a la redacción".

Monteys transmitió que el sentimiento de la redacción es que la acción de la fiscalía se ha desencado al aparecer la polémica viñeta en "Aquí hay tomate", lo que ha hecho que lo vea mucha más gente que "los lectores habituales de la revista, que están acostumbrados a este tipo de cosas".

El director de El Jueves se muestra convencido de que este tema no les va a perjudicar, muy al contrario lo que se logrará será aumentar el impacto de la viñeta: "Si lo que se pretende con esto es que la gente no vea este chiste lo que va a lograr ahora es que aparezca en todas las televisiones y los medios".

En cualquier caso, Monteys no ha dejado de mostrarse muy crítico con la decisión judicial: "Es un ataque en toda la regla contra la libertad de expresión, hace unos 28 años que no nos pasaba algo así y entonces estábamos en un país muy distinto".

El director de la publicación satírica admitió que la caricatura "es muy bestia, como toda la revista" pero aseguró que "hay que entender el mensaje que hay detrás y, sobre todo, que se trata de un chiste".

Por último, Albert Monteys aseguró que todavía no sabían qué iban a hacer con la caricatura que en estos momentos se mantiene colgada en su página web : "No sabemos todavía cuales son los términos exactos de la resolución judicial y la experiencia que tenemos de estas cosas se remonta a cuando todavía no había web ni nada parecido".

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15 julio 2007

Inteligencia ética

Inteligencia para una buena vida solidaria: del decir, del hacer y del decir haciendo


Salvador López Arnal

IES Puig Castellar

Para Paco Gallardo y para Rosa, por su amable amistad

Déjenme que inicie mi intervención con una nota de optimismo y contando tres historias.

La nota de optimismo: los neurólogos siguen avanzando en el conocimiento experimental del cerebro humano y se sabe ahora que los circuitos neuronales activados por algo que se percibe como una injusticia, cualquier injusticia, son, como ha señalado el poeta y ecologista Jorge Riechmann, “los mismos que están asociados con la repugnancia, el puro asco físico, que a todos nos produce la ingesta de alimentos en descomposición o la fetidez de unos calcetines sucios”.

Es buena señal, no estamos hechos con malos cimientos bioquímicos. También es sabido que los seres humanos poseemos un radar de infantes, una sensibilidad extrema ante los rasgos en animales o en objetos que recuerdan los de un bebé y que da lugar a una reacción automática de afecto y protección (la publicidad conoce el tema).

Las tres historias. No les extrañará que en este año mozartiano, que sin duda es un pleonasmo, les recuerde un breve paso de La flauta mágica. El siguiente:

Comoquiera que las pruebas a las que va a ser sometido Tamino entrañan enormes dificultades, el primer sacerdote del Templo, temeroso de que no sea capaz de superarlas, pregunta inquieto al gran Sarastro: "¿Soportará Tamino las duras pruebas que le aguardan?". Y añade: "No lo olvides: es un príncipe". Sarastro, sin pensárselo dos veces, le rectifica inmediatamente, en apenas un nanosegundo: "¡Más todavía! ¡No sólo es un príncipe, es un ser humano!".

El segundo apunte es menos musical y nos traslada a Noruega. Mi fuente es un artículo de El País de 7 de febrero de 2006. Un paciente muy anciano, poco antes de fallecer, comentó a su médico que la mujer que venía cada mañana a limpiar su habitación era un poco extraña. ¿Por qué?, le preguntó el médico. ¿Qué quiere usted decir con extraña? Pues que viene cada día pero no limpia nada. ¿Qué hace entonces?, inquirió nuevamente el médico. “Simplemente, se sienta a mi lado, me coge de la mano y me acompaña. ¡Le agradezco tanto lo que hace! La quiero”. El médico noruego comentaba: “Probablemente esta mujer que se encuentra entre los empleados de este hospital con menor educación y salario, y que no hace el trabajo por el que se le paga, demuestra tanta o más competencia que cualquier otro ya que da al paciente que se está muriendo lo que más necesita”. Se lo señalo: el médico es médica y, además, se lo recuerdo, es noruega.

La tercera historia tiene que ver con el color del dinero y con la enseñanza de la Ética en la Escuela de Negocios de Harvard. Como fuente un artículo del The Washington Post, de agosto de 2002, de Amitai Etzioni, que precisamente fue profesor de Ética en la HBS entre 1987 y 1989. Cuenta Etzioni que un estudio de Aspen sobre 2.000 graduados de las principales trece escuelas de negocios norteamericanas halló que la educación en estas instituciones no sólo falla en mejorar los valores morales, la inteligencia y capacidad éticas de los estudiantes, sino que la deteriora. Así, el porcentaje de los estudiantes que creen que la maximización del valor de los accionistas de las empresas es la principal responsabilidad de una corporación, sea cual sea (insisto: sea cual sea) el medio utilizado para ello, crece del 68% entre los alumnos de ingreso al 82% al finalizar el primer año. Conjeturen, intentando el sosiego, el porcentaje de los que piensan así al finalizar sus estudios en Harvard.

Aún más, en otra investigación posterior, los estudiantes fueron consultados sobre la siguiente cuestión de claro marchamo ético: existiendo un 1% -sólo un mísero 1%- de probabilidades de ser detectados y enviados a prisión por un año, ¿intentarían a pesar de ello realizar un acto no ya inmoral sino netamente ilegal que podría reportarles a ellos y a su compañía ganancias de más de 100.000 dólares? ¡Más del 34%, más de 1/3, respondió afirmativamente!

Acaso podemos convenir que el breve comentario de aquel sacerdote mozartiano, con saber y sabor ilustrados, la inmediatez y veracidad de su decir, es prueba de inteligencia y prudencia éticas. Del comentario de la amiga noruega, qué decir aparte de que las varias inteligencias -si es permitido hablar así- pueden alimentarse mutuamente, para bien del propio sujeto y de la comunidad en general. El tercer ejemplo se comenta por sí mismo: horror, terror y pavor.

Así, pues, por si hiciera falta una prueba inicial de existencia, por si fuera necesario justificar que el asunto del que estamos hablando tiene pobladores, que no es un insignificante conjunto vacío, hay en lo dicho un ejemplo claro de que en los humanos, aunque sean humanos tan singulares como el sacerdote masónico de una ópera deslumbrante, puede darse la inteligencia ética (no aislada) aunque, como el tercer ejemplo señala, ese tipo de inteligencia no esté siempre muy extendida y a veces, en determinados núcleos, se presente en franco deterioro. En el límite, cercana a cero.

Sobre este tema quiere hablarles pero, lo admito, no voy a poder decirles nada sustantivo, no voy a poder defender ninguna tesis original; más bien voy a mostrarles mis inquietudes y algunas de mis provisionales creencias, recordando, inicialmente, que nuestra tradición cultural (la que toma su origen en la Grecia clásica), o una de nuestras tradiciones, nació fusionando dos vías, una, si quieren, más intelectual, teorética, y otra de orden más bien moral. Si pensamos en el mito de la caverna, en aquellas personas encadenadas al fondo de aquella oscura cueva, en el instante en que son desencadenadas y vueltas hacia la luz, se enfrentan ante un instante estrictamente moral: seguir avanzando a pesar de que les queman los ojos y quedan cegados, o bien pararse, volverse a mirar aquello que les tranquilizaba, lo que ya sabían desde antiguo, seguir en la situación a la que estaban acostumbrados; momento, dilema este, que no es intelectual sino moral, de decisión, e incluso, en algunas interpretaciones de la tradición platónica (la tradición plotiniana, por ejemplo) religioso, místico.

Pues bien, déjenme hacer dos observaciones más. La primera: la inteligencia emocional es el tema central de estas jornadas, y yo no sólo no voy a hablar de ello, sino que incluso no creo que sea correcto subsumir el tema de ésta i.e., la ética, dentro de la otra i.e, la emocional, o a la inversa, aunque sin duda haya interrelaciones: puede admitirse sin riesgos visibles que una persona con alta y cuidada inteligencia emocional pueda ser también una persona con comportamientos inteligentes en el ámbito ético pero no veo ninguna implicación necesaria en ello.

Aún más, una teoría filosófica que relaciona directa, casi biyectivamente, el mundo ético con el mundo de las emociones -el emotivismo ético- no es un santo al que yo tenga devoción extrema. Yo no creo que los enunciados éticos sean simplemente proposiciones emotivas. Coincidamos o no con ellas, no creo que afirmaciones éticas del tipo “Blair es un primer ministro que ha mentido conscientemente a la ciudadanía británica en repetidas ocasiones y eso no me parece correcto”, o “Explotar sin límite no es la mejor forma de comportamiento cívico y humano”, sean oraciones que, básicamente, manifiesten sentimientos de índole moral: no son sólo eso aunque pueda haber algo o mucho de ello: valorar, emitir una afirmación ética, no es tan sólo mostrar una emoción, un sentimiento; hay algo más, o puede haber algo más que sentimiento o en emoción en ello.

En segundo lugar, y esto acaso sea más importante para al ámbito de sus emociones, el enfoque de lo que aquí voy a defender básicamente ya está anunciado desde hace ahora unos 350 años (concretamente, 342) por John Milton, quien en aquel lejano 1664 sostuvo: “Allí donde existe mucho deseo de aprender, habrá inevitablemente muchos debates, muchos escritos, muchas opiniones; ya que la opinión no es más que conocimiento en proceso (...) Seguir buscando aquello que no sabemos a través de lo que sabemos; seguir amando la verdad con la verdad a medida que la encontramos. Esto es lo que compone la mejor de las armonías, y no la unión forzada y externa de mentes frías, neutrales e internamente divididas”.

Hasta aquí Milton y hasta aquí lo que voy a intentar defender, con algún énfasis en planos no meramente teóricos sino prácticos, de interrelación, bajo el presupuesto, fácilmente compartible, de que en el ámbito ético la mejor forma de decir es hacer; incluso, si me apuran, que la única forma de decir es hacer. El parloteo, aquí, está de más.

Si ustedes miran en San Google verán que el número de entradas sobre el tema es casi infinito. En una de las búsquedas, se señalaban unas 630.000 entradas sobre el tema. Se lo confieso con rubor, pero ustedes me entenderán: no las he podido leer todas. En una de ellas, en un texto de Salvador Robles Mira, se afirma:

“Un cambio en la idea que se tiene de la inteligencia provoca un cambio en toda la cultura. La inteligencia de la que se habla en este libro no es la que nos permite obtener matrículas y sobresalientes, o resolver problemas teóricos, o escalar hasta la cúspide de la pirámide social. A veces, también es eso, pero generalmente no necesita de situaciones tan extremas para manifestarse. La inteligencia vital es la que, encarnada en traje de faena, sale al encuentro de la realidad para hacer la vida más digna de ser vivida. Es una inteligencia ética que se preocupa por la felicidad del otro. "Tu felicidad es mi felicidad, mi felicidad es tu felicidad". La felicidad, como la verdad, no es una cuestión personal. Es una cuestión que afecta a la humanidad. La inteligencia vital lo sabe y actúa. Los problemas verdaderamente importantes, existenciales, a diferencia de los matemáticos, no tienen una solución forjada de antemano, la solución se crea en la práctica. Los inteligentes vitales –libres, responsables, empáticos, autodidactas, solidarios, bondadosos – lo saben y obran en consecuencia”.

Pasemos por alto lo que el autor señala de los problemas matemáticos que, sin atisbo posible de duda, está lejos de cualquier consideración informada y veraz sobre el tema, o su discutible creencia de que en ética no hay problemas estrictamente teóricos. Aparcados estos puntos, creo que acierta plenamente en varias cuestiones:

1. Que la inteligencia ética tiene que ver con la dignidad de la vida, tenga o no mercado publicitario este tema y sea éste un concepto de difícil definición, aunque sea una categoría altamente borrosa.

2. Que la inteligencia ética tiene también que ver con la felicidad, por muy polisémica que pueda ser esta noción (y admitiendo que tenga también que ver con otros temas clásicos: con el deber, con la responsabilidad, con la bondad).

3. Que la inteligencia ética nos lleva inmediatamente a la relación con los otros: una mónada aislada, un ser absolutamente separado, acaso no tenga necesidad de cultivar ese tipo de inteligencia, aunque, por otra parte, ya el trato que uno dispensa a sí mismo también tiene, o puede tener, connotaciones éticas, por no hablar de la forma de relacionarse con otras especies vivas no humanas, que también debe estar incluidas de nuestro ámbito ético hasta ahora muy humano, demasiado humano.

Y en cuarto lugar, que lo que llamamos inteligencia ética tiene que ver con la vida, con la acción, con la práctica, por usar una palabra hoy en desuso, que, como el autor señala, exige que nos pongamos prendas de trabajo, no traje festivo, aunque esta tarea también pueda ser gozosa.

La palabra ‘práctica’ viene utilizándose por los filósofos desde la época antigua. Señalan con ella el campo de la acción social, el ámbito de las relaciones entre los seres humanos. Así, el mismo Aristóteles en su clásica división del saber habló de ciencias teóricas, prácticas y poéticas –theorein, praxis, poiesis-. Es posible, con los matices que se quieran, que entre los griegos se considerara que la teoría, el conocimiento contemplativo, era superior a la acción práctica (indudable sesgo patricio de su epistemología), pero ello no fue impedimento para que la filosofía práctica de la civilización antigua estuviera muy desarrollada y fuera extraordinariamente refinada. De ellos hemos heredado una sabia delimitación: el objetivo de la práctica humana, a partir de la vida moral, es el logro de la felicidad, de la vida buena. Sobre ello tres consideraciones:

1. Que la filosofía occidental, la filosofía que continúa la tradición griega, si bien se inicia preguntándose por el origen y composición de todo lo existente, la pregunta por el arjé, por el principio, cuestiones pues de filosofía natural, de física si se quiere, tiene muy presente desde el principio la reflexión y el cultivo de la inteligencia ética. Por ejemplo, el famoso aforismo de Heráclito -“El saber muchas cosas dispersas no enseña sabiduría, no nos hace sabios”- es un excelente consejo para el cultivo de este tipo de inteligencia.

2. En la clasificación aristotélica, se priorice o no el saber contemplativo, se habla de ciencias prácticas, de saber, de conocimiento en el ámbito moral y en el ámbito político. No es cuestión sólo de probar, de intuición, de citas a ciegas, de moverse sin norte ni guía, sino que podemos saber, aprender y transmitir sobre estas áreas, aunque las formas de adquisición y transmisión de ese saber puedan ser distintas y acaso no tan unívocas como en ámbitos pura o estrictamente teóricos.

3. El mismo Aristóteles, y seguramente otros muchos más, ya vio la dificultad de este campo y su misma singularidad: uno puede estudiar las propiedades de la suma de los ángulos externos de un triángulo euclidiano, pero no por ello pretende ser un triángulo, o incluso puede no tener ninguna intención de construir un objeto que cumpla esas propiedades o de usar ese saber geométrico en alguna ocasión, sin embargo, en el caso de la ética, las cuestiones que importan no son meramente teoréticas: no queremos saber qué es la virtud por tomar nota, por tener un ítem más en nuestro currículum epistémico o por tener un apunte sobre ello, sino porque aspiramos a ser buenos, porque deseamos practicar la virtud. El autor de la Etica a Nicómaco lo expresó así: “No se trata meramente de saber definir la virtud sino de ser virtuosos”. That´s the question.

Entonces, si nuestra tradición ética es tan antigua como acabamos de señalar, ¿hay entonces un fuerte desarrollo intelectivo en este ámbito? ¿Sabemos más que los antiguos sobre estos asuntos como sabemos más en el ámbito de la geometría plana o de la física del movimiento? Pues, no siempre. Les pondré un ejemplo actual, actualísimo, de una neta dificultad en este campo de la inteligencia ética. Sea la siguiente reflexión, por ahora anónima. Cito literalmente:

Entre tú y yo, ¿no crees que el Banco Mundial debería fomentar una mayor migración de las industrias contaminantes a los países menos desarrollados? La lógica económica que se esconde tras el vertido de grandes cantidades de residuos tóxicos en el país que menores salarios tenga es impecable y deberíamos reconocerlo... Evidentemente, la preocupación por un agente que provoca un cambio dramático en las posibilidades de sufrir cáncer de próstata será mucho mayor en un país en el que la gente sobrevive lo suficiente como para sufrir cáncer de próstata que en un país en el que la mortalidad infantil es del 200 por mil”.

¿Quién creen que es el autor de esta afirmación? ¿Es acaso, piensan, un texto apócrifo? ¿Una broma estúpida, parte de un juego no menos estúpido, a lo Tarantino y sus secuaces? ¿Es su autor una persona desinformada, cínica, clínicamente estúpida? ¿Militante extremo de una derecha extrema de un pragmatismo ciego en extremo?

Pues, no en principio. El autor no es ningún paniaguado ni ninguna persona desinformada y, desde luego, su decir no es un sarcasmo. No lo interpreten así, aunque les parezca mentira va en serio. Es una propuesta...una propuesta de Lawrence Summers, ex-presidente de la Universidad de Harvard y antiguo economista en jefe del Banco Mundial.

Convendrán conmigo que esta declaración es una prueba, no falsada hasta la fecha, de que una potentísima inteligencia procedimental o incluso teórica, el saber supuestamente excelente por antonomasia, no se corresponde siempre con la sabiduría emocional y, desde luego, con la ética, sea lo que sea lo que ésta pueda ser o cómo la podamos considerar. Puede existir una relación armoniosa entre los ámbitos racional, emocional y ético, pero la posibilidad de desajustes entre los vértices de este triángulo es incuestionable.

Aparte del cinismo, de una falta mínima de visión para la vida o del pragmatismo economicista que no suele tocar nunca la realidad de los seres sobre los que planea o diserta, hay, en mi opinión, otro aspecto que dificulta el desarrollo de la inteligencia ética. El siguiente: el relativismo moral que es moneda corriente, posición asumida, incluso entre gente activa y muy admirable, la creencia de que nada es bueno o malo, que todo depende del color o de la perspectiva con que se contempla.

No comparto ese punto de vista por varios razones y una de ellas es que confunde, sin duda en ocasiones con buenos propósitos, el plano de la aceptación sensible de la diversidad cultural, de las costumbres, de las creencias, de las normas sociales, el ámbito de la diversidad si se quiere, con el ámbito de la valoración. Aunque no pueda ser demostrado con la rotundidad con que puede ser probada la falsedad de la afirmación de que la suma de 5 y 6 es 2006, creo que en el ámbito de la ética también existen afirmaciones verdaderas y no vale la consideración de que todo depende, que esa norma puede ser verdadera para ti pero no tiene por qué serlo para los demás. Por decirlo en términos no dramáticos: yerra tanto quien cree que la meta más alta de la vida de un ser humano -y, por tanto, de la suya o la de sus próximos- es amasar la mayor riqueza posible en el menor tiempo posible, preferentemente haciendo morder el polvo a los demás, como quien cree que Ronaldhino Eto Deco es el nombre de un dramaturgo noruego de vanguardia, recientemente propuesto para el Premio Nóbel de Literatura.

Hay otros dos puntos sobre los que no puedo detenerme pero que valdría la pena señalar:

El primero: es posible que haya personas con poco “oído ético”, como hay personas con poco “oído musical”, incluso sordas éticamente; si es así, y seguramente es así, hay que reconocer que la tarea no es trivial. Si alguien piensa sin mala intención que Auschwitz es una patraña sin sentido o que Allende fue un asesino de chilenos que merecía su castigo, pues entonces no sé bien qué estrategia puede tener algún éxito; igualmente, si alguien sostiene que la existencia de Auschwitz justifica los asesinatos de Estado selectivos de supuestos terroristas, tampoco en este caso el sendero es plano. Pueden y deben esgrimirse razonamientos e informaciones históricas elementales para combatir posiciones así (la memoria no acuña su moneda en ningún ámbito, menos, mucho menos, en el de la historia), pero lo confieso: la tarea no es tan sencilla como admirar la inmensa labor de Paco Gallardo, el director y amigo de este Instituto en el que celebramos nuestro encuentro.

En segundo lugar: una de las concepciones que afectan más a la reflexión y a la inteligencia ética es un dogma, tomado como afirmación antropológica indiscutible, como postulado esencial por la teoría neoclásica moderna: un agente económico (a veces, sin más matices, un ciudadano) es racional si y sólo si extrema la búsqueda de su beneficio propio en toda circunstancia (sin tener en cuenta ninguna otra consideración esencial). Si la racionalidad es eso, si uno piensa sin discusión posible, como axioma central, que un ser es racional cuando tiene esta norma como norte, pues entonces, como es algo tarde, apagamos la luz y nos deseamos buenas noches sin haber cenado.

Como todos los decálogos también este puede resumirse. Si eficacia, rendimiento y competitividad, que no dejan de ser tres nociones poliéticas, son los valores supremos sin discusión a los que todo lo demás ha de subordinarse, entonces se ha perdido la partida. Pero, y este es el punto que nos relaciona con la inteligencia ética, en ningún punto, en ningún libro laico o sagrado, ni en un ninguna estrella lejana o cercana, está escrito que éste sea nuestro destino. De hecho, no hay destino. La inteligencia ética es también un procedimiento aconsejable para resistirse a la crueldad y enfrentarse a los crueles.

A toda esta disquisición, por llamarla de algún modo, no se lo oculto, subyace un principio de realismo moral: no hay distinción tajante, en mi opinión, entre enunciados morales y enunciados descriptivos. El campo de la moral no es el reino de la subjetividad incontrolada y, sobre todo, indiscutible, sino también el de la argumentación racional y su alimentación emotiva. Es tan falso afirmar que París es la capital de Mozambique como afirmar que todos los ciudadanos colomenses son inferiores antropológicamente a los neoyorquinos que escuchan a REM las noches de los jueves festivos. La moral no es una cuestión que nos encierre en una cárcel privada ni en el silencio ni en la falta de argumentación.

Pregunta necesaria que espero que ustedes no formulen: ¿son aceptables nuestras actuales circunstancias para el desarrollo de la inteligencia ética? ¿Construyen entre ellas un buen marco de posibilidades? En el discurso de Harold Pinter ante la academia sueca de 2005, discurso que como se sabe no pudo leer personalmente, señaló: “La invasión de Irak ha sido un acto de bandidaje, un acto de descarado terrorismo de Estado, mostrando un absurdo desprecio por el derecho internacional”.

Cualquiera de los aquí presentes, lo afirmo sin atisbo de duda, no ignora la veracidad de la afirmación de Pinter pero es posible que nos sorprenda o incluso rechacemos la contundencia de esa verdad o, peor aún, la consideramos estridente, acaso inútil. ¿Por qué? Porque la falsedad está tan extendida que la verdad chirría. Por eso, desear un desarrollo de la inteligencia ética exige, como condición necesaria, desde luego no como condición suficiente, un marco que posibilite, que no la obstaculice. Y eso, claro esta, conllevaría, entre otras cosas, hablar de inteligencia política pero esto es tema delicado, que, además, es posible que hayamos abandonado, pensando que es un sendero imposible, corrupto per se o acaso, un inabarcable campo de minas.

“En las orillas más hinóspitas de la academia, el interés por la filosofía francesa ha dejado paso a la fascinación por el beso francés. En algunos círculos culturales, la política de la masturbación ejerce una fascinación mucho mayor que la política en Oriente Próximo. El socialismo ha ido perdiendo terreno frente al sadomasoquismo. Entre los estudiosos de la cultura, el cuerpo es un tema que está de moda, pero, por lo común, se trata del cuerpo erótico, no del cuerpo famélico. Hay un interés entusiasta por los cuerpos copulando, pero no por los cuerpos trabajando. Los estudiantes de clase media y habla serena se amontonan obedientemente en las bibliotecas para trabajar sobre temas sensacionalistas como el vampirismo o el arte de sacarse los ojos, los cyborgs o las películas pornográficas. Nada podía ser más comprensible. Trabajar en la literatura del látex o en las consecuencias políticas de hacer un piercing en el ombligo significa tomarse al pie de la letra el sabio adagio de que el estudio debería ser divertido. Es un poco como escribir la tesis doctoral sobre el aroma comparativo de los whiskies de malta o sobre la fenomenología del estar tumbado en la cama todo el día. Esto produce una continuidad sin fisuras ente el intelecto y la vida cotidiana... Las cuestiones intelectuales han dejado de ser un asunto para encararse en una torre de marfil y han pasado a pertenecer al mundo de los medios de comunicación y las grandes superficies comerciales”.

Que Ustedes estén aquí, a estas horas de la noche, es prueba neta de que los dioses, Eagleton incluido, aún siendo inteligentes e incluso aun siendo máximamente inteligentes éticamente, pueden errar. Aquí no hay medios ni superficies sino seres motivados en discutir sobre la inteligencia en sus diferentes variantes. Felicitémonos por ello. Les felicito pues y me permito agradecer su cortés atención con un cuento breve, cuyos nombres no tomen en consideración. Se lo escuché (y leí más arde) un día muy lejano a Fernando Savater::

“En Asgaard, un reino de dioses, reinaba la felicidad. Odín era un ser especial. Todos los respetaban. Divertido, bondadoso, complaciente. Tal era el respeto que se le tenía que el resto de los dioses decidió hacerle inmortal. En los banquetes, en sus encuentros, jugaban a lanzarle objetos. No sentía nada, nada podía herirle.

Hoki, el dios de mal, supo de la situación. Si él se salva de la muerte, pensó, se vence a la muerte, me vencen a mi. Se acercó a la madre de Odín; le agradó los oídos, hasta que le preguntó por los límites de la seguridad de Odín. ¿Nada puede dañarle? Nada, nada... contestó su madre; bueno sí, el muérdago, pero es insignificante, no puede pasar nada, no hay de qué preocuparse.

Hoki preparó una lanza con muérdago en su punta. Se la dio a Hooker, un dios ciego, quien, jugando, sin mala intención, la lanzo contra Odín. Cayó fulminado. La desolación fue terrible en Asgaard.

La madre de Odín rogó al padre de Odín, que se resistía, para que suplicara al dios de los muertos la salvación del hijo. Lo consiguió. Pero exigió sólo una condición: que los habitantes de Asgaard, todos ellos, lloraran sentidamente la muerte de Odín. Entonces lo resucitaría.

La tarea parecía elemental. Todo el mundo lloraba la pérdida. ¿Todo el mundo? No. Thonk, una ogresa, no quiso hacerlo. Razonó así: ¿Odín es alguien de mi familia? ¿Le conozco de algo? ¿Le debo algo? ¿Tiene acaso mi aspecto? ¿Qué saco yo a cambio? ¿Me reporta algún beneficio? Esto son tonterías pérdidas de tiempo. Tengo mucho trabajo. Dejadme en paz”.

Desde entonces, como saben, existen el mal y la muerte. No es necesario que les diga que estoy convencido, absolutamente convencido, de que ustedes jamás hubieran razonado como la ogresa, su inteligencia ética no se lo permite, y que, además seguramente piensan que su razonamiento no sólo es abyecto sino falaz, que es un mal razonamiento. Vamos, digámoslo claramente, que Thonk y sus partidarios, que a veces son legión, no se enteran.

Nota: Este texto es un resumen de una intervención sobre “Inteligencia ética” realizada en el marco de unas Jornadas sobre inteligencia emocional celebradas los días 24 y 25 de marzo de 2006 en el IES Puig Castellar de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona).


¿Revulsivo antipedagógico?

Salvador López Arnal: ¿Revulsivo antipedagógico?
Reseña de Panfleto antipedagógico, de Ricardo Moreno Castillo
El Viejo Topo

Ricardo Moreno Castillo, Panfleto antipedagógico.
Leqtor (El lector universal), Barcelona, 2006, 157 páginas
(prólogo de Fernando Savater).

En la contraportada del volumen, los editores de Panfleto antipedagógico (PA) han incluido un breve texto en el que afirman: “Dirigido por igual a los padres de familia y a los educadores, el PA debería servir de revulsivo para una sociedad que no puede seguir enterrando su futuro en sus escuelas, institutos y universidades”. Más allá del tono alarmista del comentario, PA puede ayudar a reflexionar sobre la situación de nuestros centros de enseñanza secundaria -de hecho, ya ha jugado y sigue jugando ese destacable papel-, finalidad sin duda conveniente para cualquier comunidad que valore y esté atenta a la situación de su educación.

PA es una ampliación de un trabajo previo de Moreno Castillo que ha circulado on-line entre un amplio e inquieto sector del profesorado que ha acogido sus propuestas con notable interés. Las razones son conocidas: masivo malestar por la LOGSE o por reforma sucesivas; “masificación” de muchos cursos de la ESO con casi 30 alumnos por clase, que resultan prácticamente inmanejables; indefensión del profesorado ante determinados comportamientos del alumnado; notable aumento de la burocracia en el trabajo docente; destacada influencia de los pedagogos -y de un lenguaje no siempre cartesiano- en la política educativa española; escasa o nula aceptación de errores por parte de las instancias directoras de los cambios educativos; nula alteración en la notabilísima influencia (y poder) de la Iglesia católica en la educación española; cambios laborales nada fáciles para el profesorado. Largo etcétera.

No se trata aquí de juzgar estas críticas -algunas de ellas justificadas, justificadísimas en mi opinión-, sino de comentar un ensayo que las presenta y argumenta desde determinadas coordenadas culturales y políticas, defendiendo al mismo tiempo, como no podía ser de otro modo, otras posiciones pedagógicas que, según creo, no presentan excesiva novedad: esfuerzo, trabajo, rigor, cumplimiento de normas, cortesía…y premio para los mejores. La falta de horizontes sociológicos, culturales o políticos en los que enmarcar el análisis no debería señalarse como deficiencia del ensayo: se trata de un “panfleto”, de una forma de llamar la atención sobre un tema que se considera decisivo para el país y necesitado, además, de urgentes transformaciones.

La posición política desde la que el autor escribe, sin relación causal directa con sus tesis, queda explicitada en las líneas finales de la introducción: “Sólo queda por lamentar que una reforma que ha dañado sobre todo a los más desfavorecidos haya sido obra del Partido Socialista. Es una primera versión de este Panfleto se decía que era de desear que reconocieran de una vez el monumental error y lo enmendaran, y que cuando esto sucediera, muchos de quienes les votan como mal menor (y de éstos hay muchos entre los profesores) lo podrían hacer verdaderamente ilusionados. Lamentablemente no ha sido así, y la ocasión ha pasado de largo” (p. 22).

Pues bien, entrando ya en materia, más allá de algunas coincidencias (por ejemplo, sobre el adecuado papel de la enseñanza de la religión en la escuela) y algunas preocupaciones compartibles, sorprenden, en primer lugar, el tono y algunas afirmaciones, y acaso quepa señalar alguna inconsistencia en la argumentación: determinadas críticas del autor al alumnado de los centros de secundaria, por falta de rigor o descuido en el trabajo, y a los teóricos de la educación o pedagogos responsables del diseño de la LOGSE, pueden girarse en su propia dirección. Así, Moreno Castillo, ya en la misma introducción, asegura que nunca han sido los conocimientos de los estudiantes tan ridículos como ahora ni el desánimo de los profesores tan grande. Aunque estamos ante un panfleto, ante un texto en el que “no se cuenta una historia, ni se describe una situación, ni se defiende sosegadamente una postura filosófica” (p. 15), el autor no cree necesario justificar mínimamente una afirmación así. La sostiene, la lanza a la arena pública y ya está: la intuición, el prejuicio o la preconcepción del lector harán el resto. A lo anterior se suman numerosas afirmaciones inexactas y formas intelectuales netamente mejorables. Daré algunos ejemplos:

1. Capítulo I. “Esta falta de aprecio por los saberes y los contenidos es un error pedagógico, pero también un síntoma muy revelador del nivel intelectual de quienes hicieron la reforma. Se diría que los que la crearon son unos ignorantes que desprecian el saber y que, como creo que podré demostrar más adelante, envidian a los que saben” (p. 32) [cursiva mía]. No hay tal posterior demostración, incluso es posible que no pueda haber demostración de ningún tipo sobre un hecho de esta naturaleza, pero por mucho que uno esté alejado de frecuentes y mortecinas formas de decir pedagógicas y de determinadas tendencias didácticas, el tono falaz, la falta de rigor, el argumentum ad hominen del paso parece obvio e impropio de alguien que aspira al rigor y denuncia la falta de él entre jóvenes estudiantes.

2. Capítulo 2. “Por supuesto que se le hará más llevadero el esfuerzo si procura trabajar con alegría e interesarse por lo que hace, pero lo mismo le sucede a un albañil, quien se lo pasará mejor si sube al andamio cantando de contento que si lo hace blasfemando de rabia, y no por eso pensamos que sea obligación del capataz motivar a los obreros” (p. 34). Es indudable que se ha exagerado y hablado en exceso sobre la necesidad y deber del profesor/a de “motivar” a los alumnos como si fuera este punto la piedra filosofal de la didáctica, pero el sesgo de clase del texto citado, su insensibilidad social, la aceptación de la jerarquía, la improcedencia del ejemplo, es tan obvia que no necesita comentario. Por si fuera poco, el desinterés por el análisis de la despreocupación -en algunos casos, antigua y preponderante en determinadas materias- de sectores del profesorado por interesar al alumnado en sus disciplinas y el orgulloso hablar para unos pocos que “son los que valen y pueden comprender”, neta herencia de su formación universitaria, parece subyacer a estas forma de criticar una insistencia pedagógica no siempre bien argüida.

3. Capítulo 3: “La falacia de la igualdad”. “Por otro parte, no es lo mismo el ambiente intelectual que el ambiente de estudio, y más ambiente de estudio tiene quien es hijo de una persona iletrada pero serena que quien lo es de un sabio neurótico. Un muchacho de familia labradora puede no tener mucha ayuda en casa, pero ha vivido más al aire libre que uno de la ciudad, y eso también es bueno para el trabajo mental” (p. 43) [la cursiva es mía]. Dejando aparte el tufillo del título de este tercer capítulo, la primera parte del fragmento parece no vislumbrar que otras disyunciones son posibles y acaso más frecuentes y con más trascendencia social. ¿No conoce el autor las dificultades que tienen algunos estudiantes con “padres iletrados pero serenos” en recibir un apoyo familiar que les sería conveniente para sus estudios o trabajos, o como estímulo para su esfuerzo? ¿No sabe el autor del sobreesfuerzo que muchos alumnos de orígenes sociales nada favorecidos tienen que realizar sin que en ocasiones tengan éxito alguno? ¿No conoce las cifras del fracaso escolar y el origen social y cultural de muchos de estos estudiantes? (La segunda parte del texto parece salirse del tema e irse a cerros muy alejados. ¡Qué tendrá que ver el haber vivido más “al aire libre” con lo que se está discutiendo!).

4. Capítulo IV: “Y en cuanto los contenidos del conocimiento, tan solo señalaré que muy pocos de los alumnos que acaban hoy la enseñanza obligatoria a los dieciséis años aprobarían el examen de ingreso que pasamos a los diez las personas de mi generación, y ninguno el de la reválida de los catorce años” (p. 59). No sólo es la enésima repetición de la consabida tesis de que todo tiempo pasado fue mejor y nosotros éramos muchísimo más listos y mucho más aplicados, sino que aquí la falta de justificación es ilimitada. ¿Cómo construye el autor su análisis comparativo? ¿Conoce qué porcentajes de estudiantes de hace unas 4 décadas pasaban el examen de ingreso? ¿Sabe cuántos de estos estudiantes superaban la reválida del bachillerato elemental o superior? ¿Cómo puede afirmarse que ningún estudiante actual que haya finalizado la ESO pasaría el antiguo examen de reválida? ¿Se trata de una conjetura de la pedagogía-ficción? ¿No hay aquí una generalización apresurada que no es sino. Una vez más, un claro ejemplo de falta de rigor? ¿No es una forma estudiada y falaz de decir algo que se sabe que causa impacto para que el lector/a vea confirmada la más instintiva y menos elaborada de sus posiciones?

5. Capítulo V. “Al evaluar a un alumno de COU vi que aprobaba todas las asignaturas (eso sí, muy justitas) menos la mía, una asignatura, ya desaparecida, llamada “lenguaje matemático”. La asignatura era común, de dos horas a la semana, y no parecía que el chico la fuera a necesitar en el futuro. Con todo, lo suspendí” (pp. 62-63) [la cursiva es mía]. En septiembre, añade Moreno Castillo, repitió el suspenso. Aprobó, eso sí, el próximo curso con sobresaliente, pero aprendió. ¿Qué aprendió? Que no era tonto, (sic) como él mismo y su familia imaginaban. ¿Y de dónde se infiere que el alumno y su familia pensaran que era “tonto”? ¿Este es un ejemplo de buen hacer educativo? ¿Es algo de lo que uno tenga que sentirse forzosamente orgulloso? No hay duda que casos similares pudieron o pueden ser razonables en alguna situación. Pero, ¿dónde está el interés en remarcar este hecho. ¿No ha habido en nombre de esta consideración o similares barbaridades contra algunos alumnos que se han esforzado y mucho, pero por las razones que fueran han tenido notas insuficientes en determinadas asignaturas? ¿No conoce ningún estudiante que haya suspendido las matemáticas, el latín, la filosofía o en inglés con un 4.5, a pesar de su esfuerzo, y que luego haya abandonado estudios hasta momentos posteriores, si los hubo, por no poder pasar curso en su momento por ese suspenso “tan merecido”? ¿No ha oído hablar el autor de alumnos expulsados del sistema educativo enormemente inteligentes?

6. Capítulo VI. ”Nadie un poco avispado iría a una entrevista de trabajo o solicitar un crédito a un banco con la gorra puesta, con una camiseta que dejase ver todos los pelos del sobaco, mascando chiclé y con una lata de coca-cola en la mano” (pp. 71-72). Como es conocido, en la mayoría de os reglamentos internos de los institutos españoles se prohíbe un aspecto así (que tampoco es la mayor tragedia concebible) y ese uso de bebidas poco recomendables en el aula. Además, y como es obvio, la descripción huele a la naftalina del armario de la casa del pueblo de los abuelos.

7. Capítulo X. Aquí el autor ridiculiza textos de pedagogos -que, desde luego, merecen una aproximación crítica- y se ampara para ello en los argumentos del Popper de La miseria del historicismo, que han sido discutidos y criticados desde hace décadas, como si fuera lo último de lo último, al mismo tiempo que sostiene, con pose epistemológica sofisticada, la extraña tesis de que “si una reforma depende de cambiar la mentalidad de los que la han de lleva a cabo, los resultados de esta reforma son invulnerables a toda crítica científica (p. 112). ¿Y eso por qué? ¿Por qué no es posible cambiar de mentalidad en determinado asunto, pedagógico o no, y estar abierto a críticas argumentadas sobre la nueva perspectiva asumida? ¿Dónde está demostrada la implicación necesaria entre cambio de mentalidad y dogmatismo cerril antes las críticas?

8. En el capítulo 11 -“Padres desorientados, desesperados y atribulados”- y en relación con los estudios, el autor formula tres reglas para los padres. La primera de ellas no tiene desperdicio: “en condiciones normales, delante de los hijos, siempre apoyar al profesor (p. 117). Si hubiera discrepancias, señala, se resuelven en privado. ¿A qué les suena? ¿A la primera, a la segunda o a la tercera parte?

9. En “A modo de epilogo”, Moreno Castillo reproduce, acaso con escasa modestia, cartas favorables a sus posiciones, sin apenas recoger ninguna crítica, y señala: “Es pues de justicia dejar claro que quienes criticaron el Panfleto por el tema de la enseñanza de la religión lo hicieron, en general, de un modo mucho más comedido, más argumentado, y con más gracia, que quienes lo criticaron por otras razones. Hasta los curas tiene más sentido del humor que los pedagogos” (p. 142). Tomen nota: hasta los curas tienen más humor que los “pedagogos”, que son, como “está demostrado una vez más”, el peor de los mundos posibles.

En definitiva, que alguien como Antonio Muñoz Molina afirme, sin ningún matiz crítico, en carta personal dirigida al autor (págs. 142-143), que “comparto punto por punto todo lo que usted dice”, o que un pensador tan informado en temas educativos como Fernando Savater haya escrito un muy elogioso prólogo para el Panfleto, es indicio de que en estos tiempos veloces incluso los grandes alguna vez leen con urgencia.

Todo lo señalado no es contradictorio con la creencia de que la educación española, las reformas educativas existentes o en proyecto, deben merecer nuestra máxima atención y que aspectos de la LOGSE, o de leyes sucesivas, merezcan críticas sustantivas, al igual que numerosas conjeturas o frecuentes abusos terminológicos de determinadas corrientes pedagógicas. La cuestión, como siempre o como casi siempre, es desde dónde y cómo ejercemos tales críticas.

Rebelión, 23/04/07

13 julio 2007

Pintada siglo XXI

Salgo de casa y dos calles más abajo leo una pintada nueva:
"Quien siembra pobreza, cosecha terrorismo".

09 julio 2007

Una chica rubia nos vende





Una chica rubia nos vende,
en un programa para tontos,
una cerveza sin calorías
y la mitad de alcohol.

Desde hace tiempo
la cocacola es light,
sin azúcar ni cafeína
y con limón.
Cualquier día le quitan el colorante
y hacemos el kalimotxo con gaseosa.

El consumo de coca sigue aumentando
y nos presentan los planes de siempre
para que seamos sanos.

¡Cómo no vamos a drogarnos
si ya ni la cerveza emborracha!

05 julio 2007

dossier sindicalistas presos



grupu municipal d'izquierda xunida-bloque por asturies-los verdes
plaza mayor s/n 33201 xixón (asturies)
tlfs: 985181215/985181115 fax: 985181156
info@xixon.izquierdaxunida.com

compañeros y compañeras, os envíamos este dossier con toda la información sobre el caso de unos sindicalistas asturianos encarcelados. En este dossier encontraréis todas las acciones realizadas por Izquierda Xunida de Xixón en referencia a este caso.

(una mentira contada mil veces pasa por verdad)
Paul Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda Nazi

03 julio 2007

Crónicas de la Barbarie: Junio 2007

El extraño atentado del Líbano contra tropas españolas.- Hipótesis sobre el fin de Eta.- La izquierda y el pacifismo.- Fumar puede matar.- Palestina partida en dos.- Las elecciones, ¿son la democracia?- Alhaurín instructivo.- El comprensivo Tribunal Supremo.- Mossas y tortazos.- Cuestión menor: los exámenes de catalán.


El extraño atentado del Líbano contra tropas españolas

Hace un año, con las batallas entre Israel y Hezbolá que arrasaban a la población del Líbano, con una destrucción de nuevo terrible en ese país, el envío de tropas en el marco de un programa de pacificación de la ONU y la Unión Europea no me pareció el peor de los males. Tal vez eso evitaría que siguieran las matanzas de inocentes, aunque también abría la puerta a que entre las víctimas hubiera en adelante soldados españoles.

Y las ha habido. Pero el atentado contra un vehículo del ejército español no parece haber sido obra del ejército israelí ni de Hezbolá, las partes en conflicto. La diplomacia española lo atribuye a “algún grupo” relacionado con Al Quaeda. Y entramos así en la nebulosa lógica conspirativa para explicar ese atentado.

Porque “algún grupo” de Al Quaeda es una hipótesis opaca. Hoy se puede atribuir gratis a Al Quaeda mucho de lo malo que pasa en el mundo. Si ha sido gente de Al Quaeda, ¿por qué en el Líbano, y no en Afganistán, donde lo tienen mucho más fácil, en una situación de guerra entre los talibanes y la Otan? Veamos primero quién reivindica el atentado, y si esa reivindicación esperable está fuera de la opacidad.

Pues también cabe la suposición alternativa de que ese atentado del Líbano haya sido obra de los servicios secretos habituados a este tipo de cosas.

(Ya se sabe: tirar la piedra y atribuirlo al contrario, o poner la piedra en manos del idiota para que la tire él.)

El atentado no es manifiestamente un acto de guerra que pretenda acabar con la presencia militar española o de la ONU: para eso habría de encuadrarse dentro de una campaña de atentados. Ese atentado es un acto político. Pongamos la hipótesis, pues, de que nos hallamos ante un atentado político. Específico contra el ejército de España, esto es, contra su gobierno.

Entonces, una pregunta importante: ¿a quién beneficia el atentado, a quién perjudica? Y la respuesta sería, en términos de la política española, que beneficia a Rajoy, empeñado en igualar ante la opinión pública la presencia en el Líbano con la participación en la guerra de Iraq, y que perjudica a Zapatero, pues erosiona al único dirigente político occidental que se ha atrevido a desafiar abiertamente la política de Bush en Iraq.

En los próximos días veremos qué partido le saca el PP a este raro atentado. Enmarcado objetivamente —en cualquier hipótesis— en la perspectiva electoral española. Por mi parte recomiendo no fiarse de nada y examinar las cosas con algo menos de superficialidad que la habitual en los medios de masas.

En cualquier caso el atentado —que ha costado la vida a unos pobres soldados españoles y emigrantes— pone de manifiesto una vez más la barbarie en que vivimos.

La única manera de que no haya ataques armados es que no haya armas, y poco ayuda, si es que ayuda, llevar más a donde ya las hay.


Hipótesis sobre el fin de Eta

Las premisas del problema pueden ser formuladas como sigue:

1. La gente no puede aceptar —y por tanto el Estado no puede aceptar— que se impongan cambios políticos por la violencia.

2. En Euskadi hay una base social propicia a la continuidad del terrorismo de Eta, probablemente mucho menor que en años anteriores, a la que se puede llamar “búnker” nacionalista radical.

3. Hay organizaciones político-sociales que son el brazo político del “búnker” (y que acaban de perder un tren hacia su consolidación política con la ruptura del “proceso de paz”).

4. Hay organizaciones político-sociales nacionalistas radicales que no apoyan el terrorismo de Eta. Son radicales no violentos. Gente políticamente decente.

5. Para Eta son prioritarios sus objetivos políticos, como la anexión de Navarra a Euskadi y la formación de un Estado vasco independiente. La situación de sus presos ha sido subordinada a esta prioridad, que en la última tregua ha mostrado ser irrenunciable, al exigir que se diera un paso en este sentido. Eta se ha equivocado de medio a medio una vez más.

. Para las personas de convicciones democráticas serias hay dos “axiomas” esenciales:

a) El dictado y la coacción violentos son completamente inaceptables. Bajo la amenaza nada se puede negociar, como no sea el cese de la amenaza y de las coacciones.

b) Las cuestiones de nación sólo pueden ser resueltas mediante el ejercicio en libertad del derecho de autodeterminación, sin violencia ni coacción ni perspectiva de que éstas reaparezcan.

Y un “corolario”:

c) Cambiar un estatuto institucional mediante el ejercicio del derecho de autodeterminación exige una consulta popular cuyos resultados sean concluyentes, lo que supone una elevada participación de la población en la consulta para que ésta sea válida y una mayoría cualificada para un cambio de estatuto significativo. De otro modo se crearían las condiciones de un enfrentamiento civil de tipo “balkánico”.

En estas condiciones, ¿cuál puede ser el final de la violencia?

En mi modesta opinión, el final de la violencia no se puede dar fácilmente: Eta ha creado en Euskadi un sentimiento nacionalista radical minoritario pero muy intenso en el que el recurso a la violencia está fuertemente arraigado. La violencia y las coacciones forman parte de la cultura interiorizada por una parte pequeña pero significativa de la población. Incluso en el supuesto de que la dirección de turno de Eta decidiera dejar las armas, sería previsible que una parte relevante de la organización se resistiera a este viraje y el grupo armado se fraccionara, y tal vez se fraccionara igualmente su “brazo político”.

No se debe olvidar que el Ira irlandés llegó incluso al asesinato “interno” de militantes no dispuestos a abandonar la violencia; ni que en la historia pasada de Eta hay casos similares, ni tampoco que durante el reciente “alto el fuego” se han dado casos, probablemente incontrolados, de kale borroka. Al dejar escapar la ocasión de una “retirada ordenada” en sus conversaciones con el gobierno, Eta ha abierto la puerta a que sus conflictos internos acaben dirimiéndose por el método que es consustancial en ella: la violencia.

La derecha social y política —el Pp— sólo ofrece una respuesta a todo esto: la represión. Esta estrategia estrecha e insuficiente es la más cómoda para esa derecha. Porque le proporciona un argumento permanente para las actuaciones estatales autoritarias, y porque le facilita una subsistencia no marginal en Euskadi, que perdería en una situación de libertad (hipótesis en la que sería tan poco operante como en Cataluña).

La estrategia del Pp, que reduce la política a los medios policiales —la represión sería así la política por otros medios—, perjudica al conjunto de la sociedad, sobre todo a las personas efectivamente demócratas y de izquierda, para entendernos, y contribuye a alimentar la convicción del “búnker” radical-nacionalista de que la actividad armada y violenta aún puede ser rentable, porque al menos mantiene su presencia mediática.

El Partido socialista —o sea, el tibio reformismo de la sociedad española— va a experimentar el desgaste producido por los dos radicalismos que le atenazan, violento el uno y amenazante el otro. Ha creído ingenuamente que el final de Eta estaba muy cerca, dada la ausencia de atentados mortales intencionales en los últimos años —aunque el atentado de Barajas difícilmente encaja en esta categoría—, y, desde el gobierno, lo ha hecho creer a mucha gente. El desencanto de las expectativas generadas puede ser un incentivo al descenso de la participación política en las próximas elecciones generales (son signos alarmantes la deriva derechista de la población francesa, el descenso de la participación política juvenil, etc.). El hipotético regreso al gobierno español de la derecha política sería una catástrofe más en este barbarizado mundo de catástrofes: entonces tendríamos Eta para otro rato.

Y parece que esto es lo que desean quienes dirigen Eta: no deja de ser significativo que en su comunicado de “fin del alto el fuego” ni siquiera se mencione al Partido Popular y se “culpe” sólo al gobierno; sin embargo el Partido Popular no ha hecho otra cosa que poner palos en las ruedas del “proceso de paz” ante la opinión pública.

La única manera de acelerar el fin de Eta consiste en tratar de dividir el mundo de la izquierda radical y aislar al “búnker”. Lo que se traduce en la necesidad de mimar al nacionalismo radical no violento, y de escuchar sus propuestas. Es necesario pactar con él un programa de consultas democráticas futuras, aplazadas y condicionadas al cese de la violencia. Aislar al “búnker” violento es asegurarle una muerte lenta “por inanición”, como, en otro orden de cosas, la de los Grapo. Una muerte de Eta por aislamiento y fragmentación no dejará de ser, de todos modos, un proceso lento y lleno de momentos difíciles. Conviene no olvidarlo.

La izquierda social, pese a su debilidad, debe tratar de llevar al Psoe, y a los demás partidos que quieran incorporarse, a una estrategia de este corte. Sus elementos habrían de ser:

1. La represión del “búnker” violento, intensificada y diversificada aunque inexcusablemente dentro de los límites estrictos del sistema de libertades políticas y de los derechos y garantías individuales. Pero esto último merece comentario especial, que se formula más adelante.

2. Una declaración de reconocimiento del derecho de autodeterminación democrática del pueblo vasco, y, al mismo tiempo, de condicionamiento de este derecho al transcurso de un plazo prudencial desde el fin de la violencia política.

3. Acuerdos para asegurar la gobernabilidad de Euskadi dentro de un consenso de fuerzas políticas democráticas, incluido necesariamente el nacionalismo radical no violento, hasta el fin de la violencia política en el país.

4. La adaptación de la población española al reconocimiento de los resultados del ejercicio del derecho de autodeterminación cualesquiera que sean éstos: ya en el plano institucional, mediante la implantación de una estructura estatal federal informada de valores republicanos, ya en el plano material.

Las leyes de excepción deben ser revisadas en un sentido garantista.

La izquierda, como los demócratas de otras ideologías, no puede aceptar ninguna medida legal ni judicial que criminalice el pensamiento o la ideología. Nunca dará cobertura a la tortura. Nunca aceptará que no se respeten principios jurídicos básicos como la presunción de inocencia. En una época en que el “antiterrorismo” es la ideología del sistema, es preciso insistir en todo ello, hoy insuficientemente asegurado. Sólo se pueden perseguir delitos a partir de hechos, y nunca aplicando la doctrina neonazi, pero que está ganando adeptos, de un “derecho penal del enemigo”. Ya la propia expresión ‘antisistema’ —en “manifestantes antisistema”, p.ej.— tiende a dar un cheque en blanco a las instancias represivas. Los llamados antisistema por el poder político y mediático —okupas, p.ej., pero también ecologistas, sindicalistas, etc.—, suelen poner el dedo en la llaga de los problemas sociales reales de este mundo barbarizado. No se olvide.

Por otra parte, los “formadores de opinión” de este país deben hacer una seria autocrítica. Se dejan llevar demasiado por el pensamiento desiderativo y por las alianzas económico-políticas de las empresas que les pagan. La falta de rigor es achacable a todos, y así debemos hacérselo saber.


La izquierda y el pacifismo

La izquierda social y política no acaba de asimilar que el “modelo de 1917” de superación del capitalismo ha pasado al museo de la historia de las ideas. Y, con esta falta de asimilación de la experiencia histórica, su andamiaje cultural se muestra renuente ante la firme posición del pacifismo y su radicalismo de principios. Hay gente que no percibe aún que estamos en una etapa de resistencia a la barbarie, y que los principios, más que el pragmatismo y las componendas, son fundamentales. La izquierda prefiere aún las expresiones ambiguas, como “no violencia”. Os invito a hacer la prueba: “no violencia”, en la izquierda, puede pasar, pero “pacifismo” no pasa: la palabra resulta todavía sospechosa. Por mucho que para cualquier pacifista esté claro el derecho a defenderse de un ataque violento.

Las razones de esta resistencia a ver con claridad lo que necesita la lucha del futuro es la tendencia no ver con malos ojos cualquier cosa que se proclame nominalmente socialista: como el régimen cubano, por ejemplo, o como el populismo de Chávez. Como si la proclama verbal de socialismo lo disculpara todo.

Por sus obras los conoceréis, dijo un rebelde del pasado. Si algo debería estar claro es que lo que cuenta es lo que se hace, y no lo que se dice. Nadie puede presuponer que todo lo que hace un sujeto va a ir en la misma dirección. Chávez, por poner un ejemplo, ha redistribuido en favor de los pobres las ganancias del petróleo, pero también tolera en su gobierno y en su administración dosis gigantescas de corrupción. Y mucha gente le absuelve de eso porque luego se va a ver a Fidel Castro y está políticamente aliado con Evo Morales, que hoy por hoy es lo más limpio de América Latina.

¿Ya ha olvidado la izquierda lo que fue el culto de la personalidad?

Volviendo a nuestro asunto: ¿podría alguien explicar por qué ‘no violencia’ parece preferible a ‘pacifismo’ como signo distintivo de una izquierda que rechaza por invivible esta barbarie en que vivimos?


Fumar puede matar

Efectivamente: desde que los norteamericanos y sus aliados intervinieron en Iraq han muerto más de 750.000 personas, principalmente civiles.


Palestina partida en dos

Lo dijimos hace casi un año en estas páginas: una guerra civil entre palestinos era el objetivo de Israel. Molestaba Arafat y murió de una enfermedad rara; la Unión Europea pedía elecciones democráticas y las hubo, pero las ganó Hammás, y todo el mundo cortó a su gobierno el grifo del dinero. Ahora, esto. Más víctimas civiles de la alta política que se decide al otro lado del Atlántico.


Las elecciones, ¿son la democracia?

Cada vez somos más los que pensamos que no. Hoy lo que hacen los procesos electorales es “sustraer la decisión a los verdaderos protagonistas y fundar un consenso blando sobre el que se apoya la clase dirigente”. Lo dice José Vidal Beneyto en una de sus columnas en El País.


Alhaurín instructivo

Los vecinos han reelegido al alcalde procesado por corrupción. Eso del ladrillo, no se olvide, da de comer a mucha gente, y a fin de cuentas casi todo el mundo saca tajada. Diez empresarios imputados en el mismo proceso recibieron los aplausos de los vecinos al salir de la cárcel bajo fianza. De modo que “los verdaderos protagonistas” de Vidal Beneyto se convierten, a veces, en antagonistas atontados de la democracia. Aunque, claro está, los peores no son éstos.


El comprensivo Tribunal Supremo

Como era de esperar, la ley no es igual para todos: ahora el Tribunal Supremo ha rebajado y dejado en nada las condenas del caso Turismo. Para los que no recuerdan: un montón de implicados de Unió Democrática que se pusieron las botas para ellos o para su partido malversando casi un millón de euros en el Consorcio de Turismo de Catalunya. El mayor caso de corrupción política descubierto en Cataluña.

Así, también quedan en nada los esfuerzos —y los riesgos personales— de los funcionarios que denunciaron el asunto; o el de los periodistas que lo hicieron público haciéndose malvistos por sus empresas.

El Tribunal Supremo sigue en la tónica judicial abierta con el proceso al ex-presidente del BBV, Ibarra; con la consideración de normal atribuida a la hipermillonaria indemnización al ex presidente de Argentaria por el Banco de Santander; con el proceso archivado a Botín por fraude fiscal, y suponemos que en el futuro también con César Alierta (uso de información privilegiada cuando presidía la Tabacalera).

Los poderes políticos y económicos son intocables. Ellos no delinquen: sólo incurren en irregularidades. Para que delincan de verdad han de perjudicar a otros de la misma camada, como Mario Conde, que mientras vaciaba Banesto desde dentro era nombrado doctor honoris causa por la Universidad Complutense.

Habrá que ver el trato que dan los mass media al caso Alierta, que, por cierto, es hoy el patrón supremo de Telefónica, o sea, del Anunciante supremo y supremo Patrocinador de lo que sea.

El asunto da para una tesina sobre este aspecto del “Estado social y democrático de derecho” de la Constitución de 1978.


Mossas y tortazos

La mossa que abofeteó a una detenida y la despojó de su sujetador, grabado todo ello por cámaras en un recinto policial —unas grabaciones que, por cierto, deberían estar en todos los recintos policiales, y conservarse a disposición de los detenidos y de los jueces—, ha aclarado un poco las cosas: dice que no abofeteó a la detenida, sino que le apartó la cara porque intuyó que la iba a escupir, y añade que hace poco resultó infectada de tuberculosis en otro cacheo. Eso por una parte. Por otra, alega que estaba vigente un protocolo que obligaba a “retirar” los sujetadores “que tuvieran aros”.

De modo que está claro: a la detenida le apartó la cara de una bofetada porque intuyó que la iba a escupir, y además la mossa tiene visión microscópica porque puede ver por donde andan los bacilos de Koch. Por cierto: esa mossa ¿estará ya curada de tal infección de tuberculosis? ¿No sería conveniente que pasara una temporada en algún lugar de montaña, mágica a ser posible?

Interesante es también lo del protocolo. ¿Imagináis a la Autoridad Policial sopesando la peligrosidad de los distintos tipos de sujetador? Pues parece que la Autoridad cobra también por dedicarse a menesteres como ése. Queda una duda, sin embargo: ¿habrá también un protocolo para retirar los calzoncillos de Dolce & Gabanna? ¿O los de Kalvin Klein? El pozo de nuestras ignorancias en materia de la policía autonómica catalana resulta insondable.

Aunque sí sabemos algo: las brigadas antidisturbios, o como se llamen, de la poli catalana no están integradas por personas seleccionadas por características adecuadas al caso: están integradas por voluntarios, esto es, por gente a la que por gusto le va la marcha.

El conseller Saura y el president Montilla harían bien en revisar las disposiciones policiales de la época de Pujol, no sea que tengamos más disgustos.


Cuestión menor: los exámenes de catalán

La posesión de un certificado de “nivel C” de conocimiento de la lengua catalana sigue siendo indispensable en Cataluña para desempeñar funciones públicas —en las administraciones, en la educación y la sanidad públicas, etc.— y para algunas actividades privadas, p.ej. en la enseñanza “concertada” (esa que consiste en financiar los salarios del personal a las empresas educativas de las órdenes religiosas, órdenes que, por otro lado, andan tan escasas de efectivos que no podrían mantener por sí mismas sus escuelas-negocio). Los jóvenes escolarizados en catalán no necesitan de tales certificados, los cuales de todos modos son un eficaz filtro para fomentar la catalanización de Cataluña.

Algunas de las preguntas orales de las últimas pruebas para la certificación del conocimiento al nivel C de la lengua catalana merecen ser destacadas. Por ejemplo: “¿Para qué necesitas el nivel C de catalán?”, o “¿Cuál es tu ocupación actual?” Tuteo indebido aparte, ésas son cuestiones que invaden la esfera privada del ciudadano que se está examinando en el acto mismo del examen. Que por sí mismas descalifican al sistema que las permite. Pero hay otra que se lleva la palma: “¿Piensas en catalán?”

El autoritarismo intrínseco de tales preguntas posiblemente pase inadvertido para los emocionalmente nacionalistas. Que desgarrarían sus vestiduras —por emplear la expresión bíblica— en el caso de que el Tribunal Constitucional pusiera freno a alguno de estos excesos de la religión de la lengua —por otro nombre, política lingüística— a la que los ciudadanos de Cataluña se van acostumbrando con la mansedumbre de los corderos.

[Juan-Ramón Capella, mayo de 2007]

Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Barcelona

 
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