Anekdotas del saléu nes buries agües de internete.
Anekdotas de la navegación en las borrascosas aguas de internete.

09 octubre 2007

Ramón y Cajal, Euskadi y Cataluña


Volvemos sobre Ramón y Cajal, histólogo eminente y excelente escritor. Entre sus múltiples libros, hemos repasado recientemente el titulado El mundo visto a los ochenta años, escrito en los años de la II República. Como patriota nacionalista español, bien que de talante abierto, liberal y profundamente reformista, Ramón y Cajal no pasaba por otros nacionalismos, como el vasco o el catalán, a los que critica ácremente en el capítulo XII de este libro. A los sectores populares enmarcados en tales corrientes les llama "masas fanáticas", se rasga las vestiduras por "los ultrajes reiterados a la sagrada bandera española" y por las, según él, "manifestaciones... francamente separatistas" que se dan en Cataluña. Habla de la "ingrastitud incomprensible de los vascos, niños mimados de Castilla".
"No me explico - escribe - este desafecto a España de Cataluña y Vasconia", aunque no se muestre contrario a "la concesión de privilegios regionales, pero a condición de que no rocen lo más mínimo el sagrado principio de la unidad nacional".
Como ven, quizás demasiadas cosas "sagradas" para tratarse de un científico. Pero no vamos a ir por ahí.
Vamos a sus razonadas, humanísimas e inteligentes conclusiones.
"A pesar de todo lo dicho - continua - esperamos que en las regiones favorecidas por los Estatutos prevalezca el buen sentido, sin llegar a situaciones de violencia y a desmembraciones fatales para todos".
Y concluye (¿sorprendentemente?, no para quien conozca su obra y su talante):
"Pongámonos en lo peor. ¿Qué debemos hacer si, desengañado nuestro optimismo, dos o más regiones estatutarias se declaran plenamente independientes?... en los tiempos aciagos en que vivimos, dos guerras civiles equivaldríana la bancarrota irremediable de España y a la consiguente intervención extranjera... Fuerza es convenir que la fuerza, aplicada a las pugnas intestinas de un país no resuelve nada. Enconaría las antipatías y cerraría el paso a soluciones de cordial convivencia... Yo, si me asistiera el talento político y fuera diputado a Cortes, propondría pura y simplemente la separación de las regiones rebeldes (el subrayado es de Ramón y Cajal), separación amistosa y hasta acompañada de algunas compensaciones fiscales".
Evidentemente, a Ramón y Cajal, patriota español con visión no le hicieron ni puto caso la mayoría de sus com-patriotas españoles, y así estamos todavía hoy.
No hay mejor manera de prolongar un problema que darle soluciones falsas, ya se opte por la brutalidad militar (levantamiento fascista del 18 de julio de 1936) o por el fraude político (transición monárquica).

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