Anekdotas del saléu nes buries agües de internete.
Anekdotas de la navegación en las borrascosas aguas de internete.

28 diciembre 2007

El Rapto de Europa Nº 11


SUMARIO

MONOGRAFÍA Cárcel y castigo. Editorial
* Arqueología de las cárceles contemporáneas
Alfredo González Ruibal
* Algunos recuerdos de mis cuatro estancias en la cárcel de Carabanchel
Víctor Díaz Cardiel
* Carabanchel CPB
Manuel Blanco Chivite

* Carabanchel (fotografías)
Tamara Ferrera
* Volver a prisión
Félix Romeo
* Crimen y castigo
Aleardo Laría
* Las prisiones privadas. Una solución insatisfactoria al problema penitenciario
Enrique Sanz Delgado
* Reflexiones históricas en torno a las relaciones entre locura, criminalidad y peligrosidad social
Ricardo Campos
* Karostas cietums / La cárcel del puerto
Delmi Álvarez
* RAPTOS
* La memoria de la dicha
Gustavo Martín Garzo
* Los renegados. Del cristianismo al islam a través de Europa y África
Vicente Millán
* ¿Choque o alianza de civilizaciones? Por la educación intercultural en un mundo solidario
Abdeljalil Akkari
* POÉTICAS
* El príncipe de las mareas
* Ana Navarro
* Cosa de niños
* Jorge Eduardo Benavides
* CUADERNO DE BITÁCORA
* El país de las aguas
* Beatriz Rodríguez Delgado

http://www.elraptodeeuropa.com/index.htm

http://www.revistasculturales.com/revistas/27/el-rapto-de-europa/num/11/

10 diciembre 2007

Gobernar desde la izquierda en el siglo XXI

Marcos Roitman Rosenmann Doctor en Sociología (articulo publicado por "La Jornada")

El sociólogo chileno Marcos Roitman realiza un repaso del devenir de la izquierda desde de la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Su análisis se centra en Latinoamérica, pero sus reflexiones alcanzan también a Europa. Las sucesivas renuncias ideológicas han dejado a esa izquierda debilitada a lo largo del mundo. Frente a esa izquierda conformista, Roitman reivindica una izquierda capaz de «construir una sociedad cuyo horizonte histórico es la justicia social, la democracia, la liberación y el socialismo».

Los cambios de fin de siglo dejan un mundo donde los proyectos políticos fueron trastocados por la caída del muro de Berlín. Bajo este símbolo cae una visión de la izquierda en la cual los valores dependían en gran medida de imágenes cuyos referentes eran la Unión Soviética y los Estados Unidos. La lente con la cual se observaba la realidad, desde el llamado mundo libre, descalificaba el comunismo adjetivado como realmente existente. Su punto de mira era la Unión Soviética. Y cuando no, se acudía a Camboya u otro país capaz de poner en entredicho la relación teoría y práctica. La lógica era sencilla. Buenos principios, mala práctica. Una utopía. Muerte, gulag y degradación. Se trataba de mostrar los males de un sistema donde la irracionalidad, la falta de libertades y la persecución política, eran sinónimo de socialismo.

Pocos entrevieron lo contrario, un abandono de los principios y fundamentos prácticos y teóricos. La ceguera afectó a la izquierda en la construcción de alternativas. Primero en Europa, bajo presión, cuestionó sus estrategias, su definición de partido, de revolución, de democracia, de socialismo, comunismo, en definitiva su identidad. El anticapitalismo, la idea de una revolución social, una concepción clasista del estado, y de la lucha de clases, eran sustituidas por un lenguaje contemporizador. Cansados querían participar del capitalismo de estado. La socialdemocracia consolidada en casi toda Europa Occidental veía avanzar al eurocomunismo en Francia, Italia y España.

Mientras tanto, en abril de 1974, una opción revolucionaria derrocaba la dictadura de Salazar en Portugal. Su duración efímera fue el símbolo de una izquierda incapaz de sostenerse en un mundo en reversa hacia la derecha. Ya nada sería igual.

Así, la transición en España marca el nacimiento de una nueva izquierda en Europa donde los principios se manifiestan bajo la doctrina del liberalismo y una fuerte crítica hacia el estado del bienestar. Se anuncian otras maneras de actuar y del pensar. La confluencia de una izquierda acomodaticia cuyo objetivo es mostrarse eficiente y garantizar una buena gestión y administración del estado emerge con un discurso de orden y estabilidad en tiempos de crisis. Los pactos de la Moncloa son parte de esta visión mítica de la nueva izquierda capaz de controlar los conflictos, las huelgas y limitar las luchas sociales dentro de la compatibilidad funcional. Así, comunidades, ciudades, ayuntamientos y pueblos serán gobernados de igual manera a diestra y siniestra sin grandes diferencias. Lo importante será la gestión. Lo importante no es el color del gato sino que caza ratones. No hay principios. Incluso se modifica la concepción del mundo antiimperialista que la acompaña. Se desarrolla en la izquierda europea el colonialismo del saber y del poder al promover sus valores occidentales frente a gobernantes latinoamericanos descalificándolos bajo el «san benito» de populistas por aplicar políticas sociales en tiempos de economía de mercado. Aquí comienzan las diferencias entre la izquierda de América Latina y Europa. Tras la caída del muro de Berlín se harán mas evidentes.

En América Latina la izquierda política y social sufre rupturas con tintes dramáticos. Si en los años sesenta la nueva izquierda fue producto de la crítica al reformismo dando origen a los frentes de liberación nacional, en los años ochenta sus componentes ideológicos muestran una involución. Las tiranías imponen la muerte. El exilio marca la historia de una izquierda mermada en sus cuadros y en sus ideas.

Aún así, las alternativas no fueron destruidas, mas bien se colapsan bajo la acción de las fuerzas armadas. Los proyectos de cambio, de lucha antiimperialista, democrática, popular y anticapitalista seguirán vigentes. Durante años y a pesar de la implantación de los programas neoliberales, los programas de Arbenz, Goulart, Salvador Allende o del primer sandinismo, son reivindicados como parte de una lucha por la liberación y la soberanía política. Ello, porque ninguno de los problemas básicos de la región -salud, vivienda, educación, pobreza- han sido superados, se han agudizado.

Sin embargo, la ruptura en la izquierda tiene un punto de no retorno. Tras la caída de las dictaduras, el debate se centró en el valor neutral de la democracia enfrentando a toda la izquierda y produciendo una diáspora entre quienes sostuvieron que en América Latina la izquierda no había sido democrática. Así, algunos se mostraron inflexibles, y postularon que había llegado el momento de la autocrítica. La izquierda era un lobo con piel de cordero. No aceptaba las reglas del juego democráticas. Se ufanaba de ellas y las utilizaba para imponer la dictadura del proletariado. Había que recular: la democracia tenía un valor en si misma. Era un procedimiento neutral para la elección de élites articulada a un estado de derecho. Valor que la izquierda latinoamericana nunca le había concedido. Emergía el modo de producción democrático.

Con el regreso a los regímenes electorales, ello suponía argumentar que la izquierda, en el pasado, no había respetado ni creído en las elecciones ni en las instituciones. De esta manera caía sobre sus espaldas la responsabilidad de los golpes de estado. Instaurar dictaduras del proletariado y romper el sentido de la democracia representativa convertía a la izquierda en parte de un pasado que era mejor olvidar. O se disolvía o se transformaba. Ya había caído el muro de Berlín. El fracaso era total. Rectificar era de sabios. Ya no era tiempo del antiimperialismo, ni del proyecto de liberación nacional ni del anticapitalismo. La democracia no podía ser instrumental. Era un factor de identidad colectiva. La «utopía desarmada», al decir de Jorge Castañeda.

Una izquierda conformista asumirá la propuesta. Algunos intelectuales de esta izquierda buscarán cubrirse las espaldas arguyendo nociones de gobernabilidad y eficiencia para participar del poder y la administración estatal. Conceptos que dieron paso a una visión pragmática del sistema político. La caída del Frente Sandinista y la negociación del FMLN-FDR en El Salvador y La URNG en Guatemala, y las transiciones en el Cono Sur dejan la huella de esta izquierda perdida por la visión de no haber sido demócratas convencidos.

Este haraquiri en la izquierda latinoamericana ha sido roto por quienes han levantado un proyecto alternativo gobernando en ciudades o enfrentandose a esta izquierda y a la derecha bajo postulados de la recuperación ética, enarbolando las banderas contra el neoliberalismo y por ende anticapitalistas a la par que manteniendo una visión donde no se trata de gestionar mejor los recursos, sino de construir una sociedad cuyo horizonte histórico es la justicia social, la democracia, la liberación y el socialismo. Solo esta actuación admite el calificativo de ser de izquierda en el siglo XXI.

05 diciembre 2007

Elogio del nacionalismo español

Alfredo Casquero, en «El Semanal Digital», nos deleitaba ayer con un impresionante artículo titulado «Recetas imprescindibles para terminar con el sustento de ETA». No pierdan ripio.

Según Casquero, «no es necesario ser experto en lucha antiterrorista para desmontar a ETA. No hablo de la cuestión policial, que para eso, sobradas muestras han dado los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad de conocer perfectamente cómo se persigue a los asesinos. Quiero referirme al caldo de cultivo que alimenta y alienta a estos animales: el nacionalismo». Ahí está la clave.

Y nos da la receta por partes: «Por ejemplo, va siendo hora ya que desde el Estado, por medio del Ministerio de Educación y Cultura, se corrija las mentiras de los libros nacionalistas. Es mentira que Cataluña haya sido nunca una nación. Es mentira que lo haya sido tampoco la Comunidad Autónoma Vasca. El idioma común, el de todos, no es el castellano. Es el español, y así viene establecido en la Constitución Española. No es verdad que se trate, en el caso del vasco, de un nacionalismo moderado. A no ser que la moderación esté en mirar a otro lado cuando ETA asesina. O permitir el exilio de miles de sus ciudadanos. Es hora de decirle al PNV que si no acata la Constitución, de una vez por todas, por las buenas, lo hará por las malas. Y de decirle bien clarito, como nunca se le ha dicho, que con España no se juega». ¡Ele!

Y más cosas serias: «Es hora de un pacto entre PSOE y PP. Sí, un gran pacto de concentración nacional, sin complejos. Para cambiar la ley electoral, y que no decidan los nacionalistas. Para que el Estado reasuma muchas competencias cedidas, como la Educación, y para cerrar definitivamente el Título VIII. Es necesario cambiar la Constitución, y enmendar el gran error de los padres de la Constitución, en aras al consenso con los nacionalistas». O sea, que ya no les vale ni su Constitución....

Y lo que sigue lo firmaría con gusto José Antonio: «Es necesario igualmente decirles a los nacionalistas, tan orgullosos ellos de sus himnos, de sus banderas, de su nacionalismo, que nosotros también lo estamos. Que el nacionalismo español, no excluye, aúna; no divide, reconcilia; no se apropia, reparte». Ya vemos aquí qué es lo que reparte el nacionalismo español...


Maite SOROA

 
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