Anekdotas del saléu nes buries agües de internete.
Anekdotas de la navegación en las borrascosas aguas de internete.

30 junio 2008

Celebrando el número 2 de Prótesis


Por fin. Ya está en la calle. Ya podéis leer el número 2 de la Nueva Época de PRÓTESIS. PUBLICACIÓN CONSAGRADA AL CRIMEN.
En esta ocasión, hemos realizado un monográfico sobre "Policías escritores y escritores policías", abordando asuntos como Vidocq, la narrativa de procedimiento policial de Ed McBain, el policía a lo largo de más de cien años de cine, la novela de policías en España durante el franquismo y durante la democracia...
Tampoco faltan entrevistas, como la que mantuvimos con Alejandro M. Gallo o Mercedes Castro.

Desde luego, la ocasión merece ser celebrada, y así lo haremos el próximo jueves, día 3 de julio.

La fiesta comenzará a las 20h en la librería madrileña Estudio en Escarlata (c/Guzmán el Bueno, 46).

Allí Olloqui, icono generacional y colega insobornable, hará de maestro de ceremonias. Y Manuel Blanco Chivite y David G. Panadero os contarán los pormenores de la revista.

Después, a eso de las 22 30h, el cachondeo continuará en el Bukowski bar (c/San Vicente Ferrer, 25), donde os invitaremos a vinos variados.

¿No te lo irás a perder?

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http://kevinvazquez.blogspot.com/2008/06/policas-escritores-y-escritores-policas.html

Acaba de aparecer un nuevo número de la revista PRÓTESIS, cuyo tema monofgráfico es "Policías escritores y escritores policías". Puede pedir su ejemplar a localcuatro@terra.es o al número 917986911. Búsquelo en librerías y tiendas de cómics.


Reproducimos, a modo de adelanto, el texto de presentación que lleva por título el mismo del monográfico.


Policías escritores y escritores policías


Tal es el tema de nuestro monográfico. El titular lo dice todo, empero, lo aclararemos. Siempre ha habido policías escritores, tanto más, claro está, en el ámbito de la novela precisamente llamada policíaca, desde el legendario Vidocq, al que dedicamos un amplio recuerdo, hasta la peleona pluma de Alejandro Gallo en nuestra actualidad.
El policía escritor, por lo general, suele hacer tanto en sus libros de ficción como en sus memorias y autobiografías, el canto a su “sacrificado” oficio, el canto a la moral convencional de buenos y malos (él siempre es de los buenos), el canto a la “heroicidad” del cuerpo, a la “madera especial” de la que están hechos y a las “virtudes” del gremio. Con toda intención hemos entrecomillado unas palabras, para dar a entender que sólo muy relativamente afectan a la corporación, o a cualquier otra corporación, desde luego. Por ejemplo, su sacrificio y heroicidad esta muy por debajo del gremio de la construcción que, en 2006 y en España, sin ir más lejos, sufrió 283 muertos en accidentes de trabajo (y ninguno tuvo pistola para defenderse) a mayor gloria del desarrollo económico, el bienestar y la vivienda, tan ponderada y que tanto necesitamos en nuestro país.
Los escritores policías, aunque siempre han existido, quizás nunca se han empeñado tanto en ser los novelistas orgánicos de los cuerpos de seguridad del estado como hoy en día.
El escritor policía es aquel que orienta su obra a la apologética policial, introduciendo a veces, para hacerla más creíble, algún excepcional corrupto que confirme la regla. Acude a las comisarías y cuarteles de la guardia civil, sin percibir la benevolente ironía con que no pocas veces se les acoge e ignorantes de que la única manera de conocer la realidad de una comisaría o de un cuartelillo es entrar en ella, no de invitado del comisario o del capitán correspondiente, sino como detenido.
Este tipo de escritor, a veces sin duda buen escritor, ¿por qué no?, a veces premiado en concursos literarios, suele tomarse su labor hagiográfica con una seriedad y voluntad superior a la de los mismos policías escritores que, desde siempre, a las características arriba mencionadas, añaden un perfil del cuerpo como de profesionales neutros, dedicados a aplicar una técnica de investigación y una ciencia, la criminología, necesaria para y en cualquier tipo de sociedad.
En fin, a unos y otros dedicamos las páginas siguientes en absoluto exhaustivas, como comprobará el lector, pero sí, eso esperamos, entretenidas, estimulantes y hasta polémicas.


19 junio 2008

Contra la directiva de la U.E. sobre ampliación de la jornada laboral hasta las 65 horas (16/6/08)

El Comité Confederal de la CGT reunido en Plenaria Confederal, ante la aprobación por parte de los ministros de Trabajo de la Unión Europea (UE) de la directiva sobre ampliación de la jornada laboral semanal hasta las 65 horas, manifiesta:


1. La oposición frontal de la CGT a esta medida que pretende acabar con los frutos obtenidos por las luchas y reivindicaciones de la clase trabajadora durante los últimos 300 años y que, a comienzos del siglo XX, llevó a la conquista y regulación de las 40 horas semanales de trabajo.
2. Tal agresión supone un ataque gravísimo a las condiciones laborales del conjunto de la clase trabajadora y una regresión de la sociedad que nos conduce a situaciones propias del siglo XIX.
3. Esta directiva atenta directamente contra la posibilidad de conciliación de la vida familiar y laboral.
4. La aprobación de esta directiva permite generar los mecanismos necesarios para que la patronal pueda eliminar los Convenios y derechos laborales Colectivos, de tal manera que sean los trabajadores y trabajadoras, de manera individualizada, quienes negocien sus propias condiciones de trabajo partiendo de la base de la más absoluta indefensión.
5. Desde la CGT seguimos reivindicando la jornada laboral de 35 horas semanales como iniciativa que conduzca hacia medidas de reparto de la riqueza y del trabajo con un horizonte final de justicia social.
6. Como Comité Confederal de la CGT hacemos un llamamiento efectivo al conjunto de la clase trabajadora, a sus organizaciones y a la Sociedad, para confluir en la lucha y la movilización contra esta directiva y cualquier otra medida similar de la UE que demuestre estar al servicio de las multinacionales y el capital.
7. El conjunto de la CGT trabajará con toda su capacidad para oponerse a esta directiva incluyendo la posibilidad de una convocatoria de Huelga General si así se considerara necesario.

04 junio 2008

Para una refundición

J.-R. Capella

1. “Quemar las naves”: eso hizo un paisano nuestro hace muchos años. Con ello significaba que no había vuelta atrás. Que sólo había camino hacia delante.

Si la refundación de las instituciones de eso que llamamos la izquierda va en serio, hay que quemar las naves. No se pueden dejar en pie para que vivaqueen en ellas los que ya no creen en ningún proyecto colectivo.

Las naves son las instituciones con que se ha llegado hasta aquí.


2. Hemos de eliminar radicalmente la pretensión de que tenemos soluciones para todo. Y echarnos a reir cuando se nos hable de “sistemas totales”, de cambios “totales”.

Pero no tenemos puerto de llegada.

Simplemente, hemos de atenernos a un proyecto estratégico compartido, revisar a cada vuelta del camino los objetivos inmediatos, los eventuales cambios tácticos, y proceder disciplinadamente como un conjunto de personas estructurado y organizado.

Eso exige democracia interna de la institución de que nos dotemos, ser implacables con los tramposos, y mucha contención personal: pensar lo que se dice y lo que se hace. El debate informado y la decisión sensata, a la que no se llega por mera formación de mayorías, sino por convencimiento general que conserva como un tesoro las opiniones discrepantes: tener la mayoría no siempre es lo mismo que llevar razón. Hay que dar tiempo al tiempo.

Y significa también organizarnos modestamente bien.


3. La cuestión del nombre no es trivial. He aquí algunas consideraciones.

Izquierda Unida ya no puede ser: porque si una institución política ha dado muestras de desunión es ésta. ‘Unida’ ha de quedar fuera por veracidad. Cuestión distinta es aspirar a unificar en una sola institución muy flexible a todos los grupos “de izquierda”, por decirlo así, no meros reformistas, y conseguir que se sientan cómodos en ella, quemando también sus naves.

¿’Izquierda’? Eso, aunque menos, también es dudoso. Las denominaciones ‘izquierda’ y ‘derecha’ proceden de posiciones relativas en las instituciones parlamentarias, en las instituciones del estado. Y nosotros no debemos estar sometidos a la lógica de esas instituciones. ¿Por qué no elegir otro criterio para definirnos? Más abajo, al hablar de quiénes somos, encontraremos razones para dejar a otros la palabra izquierda, y definirnos nosotros con una palabra nueva. La vanguardia ha de adelantarse a los tiempos.

Un criterio definitorio ha de tener que ver con el proyecto: ser una alternativa social; o con nuestra posición de rebeldes o insumisos.


4. ¿Contra qué nos rebelamos?

Contra un mundo de desigualdades e injusticias mantenidas y reproducidas por la estructura empresarial de poder, apoyada por los estados y los centros de poder supraestatales.

Contra la militarización del mundo; contra el apoyo de las armas a los “libremercados”: principalmente por el petróleo, pero también para mantener en el mundo sistemas de opresión favorables a los intereses del capital.

Contra la destrucción del ecosistema: poned aquí todas las cuestiones que sabéis que afectan a la destrucción o a la degradación del nicho de la vida; y aprendamos a ver otras —no sea que la agenda mental nos la construyan otros—: la hiperurbanización, las comunicaciones —todo concebido para el negocio y no para la vida—.

Contra la degradación de la democracia en las instituciones. Barreremos con eso y con esos.

Contra las desigualdades que o permanecían invisibles o no encontraban voz para expresarse: las desigualdades sexistas. Y la de las personas dependientes. La de las personas que no siguen las normas corrientes. La desigualdad cultural de las gentes que han tenido que emigrar y que necesitan especial protección.


5. ¿Somos progresistas? ¿Qué significa la corriente creencia en el progreso?

El progreso que vemos es tecnológico: aumento de la capacidad de producir, aunque una parte de la producción sea de objetos inútiles; y aumento de la capacidad de destruir.

El progreso técnico obnubila percibir la regresión social, el incremento de la barbarie, la marcha atrás de las relaciones sociales y su brutalización. Pues las tecnologías que nos proporcionan más comodidades están en manos de los amos de la tierra, que han refinado enormemente su dominio. También para hacer mayores las desigualdades, para hacer más intenso el dominio sirve el progreso técnico.

El progresismo es más de lo mismo.

Sostendré que hemos de ser más bien “reaccionarios”: gente que reacciona porque no se somete a los dictados de los poderes económicos, políticos y simbólicos del mundo.

Reaccionamos contra la guerra; reaccionamos contra la destrucción del medio ambiente; reaccionamos —cuando podemos— contra la tiranía del poder.

Somos reaccionarios. Reaccionarios insumisos y alternativos. Si somos eso, ¿por qué no decimos la verdad? ¿Por qué esa vaciedad del progresismo, que legitima a los reformistas neo-liberales del Psoe?


6. ¿Cómo hemos de vernos?

La pregunta tiene que ver con que —tras la derrota de las clases trabajadoras de todo el mundo frente al empresariado y los estados de las políticas neoliberales— muchos trabajadores, que en el viejo proyecto aparecían como protagonistas, se han pasado al otro lado, han aceptado el sistema de buen grado o a la fuerza.

Quienes han conseguido mantener un trabajo estable, aunque sea como autopatronos autónomos, pueden estar entre quienes viven mejor con el neoliberalismo. Lo mismo quienes cobran en negro. O los contaminados por la enfermedad del modo burgués de vivir.

Además es cierto que para el 10% de la población mundial, entre el que nos encontramos los españoles, el capitalismo, mediando la revolución de la informática, consigue producir mucho más con menos trabajadores, y por tanto puede distribuir también más entre la gente. Por eso se le someten muchos.

Probablemente hay en nuestra tradición una creencia taumatúrgica en las virtudes del trabajo. En nuestra tradición el trabajo de fábrica ha sido visto como una virtud. Sin parar mientes en que la división del trabajo en intelectual y manual, o en ordenante y subalterno, expolia al trabajador subalterno o manual de una parte de su creación y la traslada a las clases poseedoras. Limita la percepción del mundo de los trabajadores. Con razón decía Lenin que por sí mismos no irían más allá del sindicalismo. Y hoy ni siquiera eso: dada la burocratización sindical, ni sindicalistas.

No olvidéis que la divisa “El trabajo os hará libres” estaba a la entrada de Auschwitz.

La oficialización de la cultura americana de los ganadores y los perdedores, la difusión de los valores neoliberales, la acción educativa en el sistema de los medios de masas, el abandono político y la degradación intencionada de las instituciones educativas públicas, son todos ellos elementos que conducen a muchas personas de las clases trabajadoras a percepciones y acciones clasistas, racistas y anti-igualitarias.

Por eso resulta dudoso que sea como trabajadores que haya que convocar a las personas para tratar de asociarlas a un proyecto político alternativo. Eso no se debe excluir, pero hay que buscar modos de vernos más amplios, sin perder de vista la divisoria entre quienes están con las grandes empresas y el ganar sin trabajar, y la gente que vive de su trabajo.

Tal vez resulte más fértil hoy vernos a nosotros mismos como ciudadanos, o quizá como ciudadanos-encadenados, esto es, en la contradictoriedad del sistema: de un lado ciudadanía democrática y de otro amordazamiento de esa misma ciudadanía democrática, que queda atada de pies y manos para la intervención política. O vernos como ciudadanos-insumisos Lo que interesa es la ciudadanía cabreada y con capacidad de iniciativas decentes. Lo que interesa es dar fuerza y visibilidad al espíritu de rebelión.


7. ¿Quiénes somos?

Somos los que nos preocupamos por el mundo que han de vivir las generaciones futuras.

Los que no estamos dispuestos a vendernos, sino que conservamos nuestra autonomía y nos asociamos libremente por un proyecto.

Somos los que nos ganamos la vida con nuestro trabajo y jamás explotaremos a nadie.

Somos los que no necesitamos mentir, no necesitamos el cinismo, los que podemos explicar por qué queremos contar en la institucionalización política y para qué.

Somos gente que necesita aprender. Sólo si aprendemos algo resultaremos atractivos para los demás. Un grupo político ha de ser ejemplar para no tener que parecerlo.

Somos —hemos de ser— la vanguardia de la sociedad; quienes atraemos a los nuevos rebeldes hacia nosotros porque aunque diversos son como nosotros.

Somos los que no pretendemos cambiar el mundo por decreto, o burocráticamente, sino resistir con la inmensa mayoría, democráticamente. Buscamos soluciones con la gente y no con “tecnócratas”.

Somos gentes pacíficas. Capaces de reirnos de nosotros mismos. Y también gentes modestas, que saben que nuestro nuevo proyecto está en mantillas; que nuestra fuerza es débil.

Somos, de todos modos, necesarios.

mayo 2008

 
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