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11 junio 2009

Una observación, y un ruego, sobre resultados electorales y adscripciones parlamentarias



La coalición electoral IU-ICV dejó un cabo suelto. ¿Cuál sería el destino parlamentario de los eurodiputados que fueran elegidos, si tal elección se producía efectivamente? Se hablaría de ello el día después.

Preguntado por Pascual Serrano sobre la coalición y la cuestión apuntada1, el actual coordinador general de Izquierda Unida señalaba sensatamente:

    Fue polémico el acuerdo con Iniciativa por Cataluña, muchos ciudadanos no comprenden que, una vez elegidos los representantes en una lista conjunta, se integren en grupos políticos diferentes en el Parlamento. ¿Cómo se explica eso si coincidían en un mismo programa electoral? ¿Puede volver a suceder? El acuerdo electoral con ICV para estas elecciones implica que los eurodiputados que salgan elegidos se integrarán en el mismo grupo parlamentario, es decir, en el Grupo de la Izquierda Unitaria Europea. Nos presentamos con el mismo programa y lo defenderemos desde el mismo grupo [el énfasis es mío]

La implicación de Caro Laya es aquí asunto deductivo, no está garantizada estrictamente por la letra del acuerdo.

El tema tiene su poso. En las anteriores elecciones europeas, como apunta el coordinador, el eurodiputado elegido en las filas de la coalición por parte de ICV, Raül Romeva, tardó 17 segundos y 15 décimas, record histórico donde las haya, en integrarse, feliz, alegre y confiado en Los Verdes europeos, un grupo parlamentario con políticas diferenciadas (no siempre desde luego, pero sí a veces en temas no insustantivos) respecto a la agrupación de la izquierda unitaria europea. Algunos votantes nos quedamos con la cara de boniato y mirando hacia el cielo con la sangre alterada. Fue mi caso por ejemplo. “Estafa” era una palabra que describía nuestras sensaciones.

En esta ocasión, si no ando muy extraviado, se dejó abierta la cuestión como decía para después de las elecciones. Si mi memoria ha acuñado bien esta moneda, la coaliación acordó que un grupo formado para la ocasión, sin poder precisar más por mi parte, discutiría y acordaría el destino de los eurodiputados elegidos. Si vuelvo a transitar por senderos de veracidad, ese destino debería ser el mismo para todos los parlamentarios elegidos en las listas de la coalición. La respuesta de Cayo Lara a Pascual Serrano corrobora mi conjetura.

Si esto es así, creo que cabe como ciudadano que ha apoyado públicamente la coalición y la ha votado pedir, con la cortesía necesaria, rogar si se prefiere, que las discusiones de ese grupo decisorio sean trasparentes, término y vindicación que suele citarse con agrado y acuerdo en nuestras filas, y que se informe a la ciudadanía que ha apoyado la coalición, y a toda ella en general, no sólo del resultado final del deseable acuerdo sino de la argumentación que lo sostiene. ¡Qué menos podemos pedir a estas alturas de la vida y de nuestra historia política! Si además, deseemos que sea así, se traza un dibujo más o menos fidedigno de posiciones y rectificaciones, sin ocultamientos interesados a la vieja usanza, la vindicación pública de democratización y participación en las instituciones a la que somos tan aficionados se corresponderá biunívocamente con los procedimientos usados en nuestra vida política interna. No parecería del todo consistente, no lo sería de hecho, que exigiéramos democracia política, social y económica y en nuestras propias filas reinase el oscurantismo y el poder caciquil y arbitrario de los elegidos envueltos en mantos de calculadas y esotéricas jugadas estratégicas.

Me permito añadir, complementariamente, algunos datos que probablemente ayuden a la reflexión sobre el peso que unos y otros hemos tenido en los resultados conseguidos.

La coalición obtuvo 643.136 votos en las elecciones de 2004 y ha obtenido, en las elecciones de 2009, 583.708. Se han perdido, si usamos un término algo equívoco, 59.428 votos, un 9% aproximadamente. Como Ezker Batua, la Izquierda Vasca, es una organización soberana y se presentaba en la misma coalición, es oportuno resaltar que en su caso han sido 16.340 los votos que han preferido otros destinatarios: de 29.461 se ha pasado a 13.121 votos.

En Catalunya, la coalición –no ICV, vale la pena insistir, sino la coalición ICV-EUiA- obtuvo en 2004 151.871 votos y ha obtenido en las recientes elecciones de 2009 119.089 votos. Se han conseguido, pues, 32.782 votos menos, una disminución del 21,4% (sumados a los no obtenidos por EB, se alcanzan los 49.122, de lo que se infiere que la coalición ha perdido, en el resto del Estado, 10.306 votos. No son pocos, desde luego, no permiten alegrías ni cánticos rojo-espirituales y sin duda deben ser tenidos muy en cuenta para darse cuenta de donde estamos, para no engañarse, principio básico y esencial de cualquier fuerza que aspire a un materialismo honesto, esto es, a tocar realidad en la medidas de las fuerzas de cada uno).

Los votos de ICV-EUiA, como es sabido -aunque algunos dirigentes de ICV suelen olvidarlo martes sí, miércoles también-, no son todos votos de ICV, sino que un porcentaje de ellos, que no puedo determinar exactamente, provienen de personas –mi caso por ejemplo- que votamos a EUiA pero que no votaríamos a ICV si ésta se presentara en solitario casi –remarco: casi- en ninguna circunstancia dado lo visto, oído o incluso lo sufrido, y sobre todo dado el total alejamiento de ICV de cualquier vértice, cara o arista que tenga que ver con el marxismo-comunismo transformador, tradición que suele ser vista por la dirección de la organización fraternal como temática oscuro-autoritaria del paleolítico inferior trasnochado, a cosa vieja, a temas asignificativos de gentes incorregibles y, por lo demás, feas y brutas normalmente. Poco fashion.

¿Qué porcentaje de ese resultado, qué porcentaje de los votos de ICV-EUiA son votos próximos a EUiA? No sabría señalarlo con rigor estadístico ni con pronóstico confiable, pero, siendo muy pesimista con nuestra fuerzas electorales, acaso pueda afirmarse razonablemente que, cuanto menos, unos 19.000 votos de esos 119.089 provienen de personas cercanas a EUiA, y aún más, próximas a IU y no siempre tan cercanas a EUiA (mi caso otra vez como ejemplo). De todo ello se infiere, que los votos propios-en sí de ICV han sido aproximadamente unos 100.000 (el 17% de los votos conseguidos por la coalición, algo menos de la quinta parte).

Al marco que acabo de describir habría que añadir alguna arista más: los votos en blanco, los votos nulos y la abstención política han crecido notablemente en Cataluña (también en el resto del Estado, pero que algo más en las tierras de Salvat Papasseit, Espriu y Martí i Pol). En el caso catalán, no hay que ser un lince ibérico para ello, una lectura bastante inmediata parece abonar la creencia que algunas personas no están dispuestas a apoyar una coalición, con importantes áreas de gobierno autonómico-nacionales, que actúa como actúa en sus propias competencias (Interior, por ejemplo) y en cuestiones decisivas para un eje esencial de las políticas sociales como la escandalosa, neoliberal y privatista ley de educación catalana (¡Qué hace una fuerza supuestamente transformadora como ICV-EUiA gobernando con un conseller neoliberal confeso como el señor Maragall teledirigido por un político de pragmatismo sin parangón como el señor Montilla! ¿Qué tiene ver eso con la izquierda?).

Puestos también a recordar, por aquello del cultivo de la memoria histórica, no habría que olvidar que la dirección de ICV actúa con guantes no siempre de seda, pero, desde luego, con puños y corazón de hierro cuando se trata de llegar a acuerdos y establecer listas electorales para las elecciones municipales o autonómicas-nacionales. La rojez, con tonos más o menos intensos como quería Espriu y cantaba Raimon, a pesar del permanente servilismo político del PCC, la organización política que dirige actualmente EUiA -que merecería seguramente más de quince tesis doctorales que estudiasen in fieri cómo las instituciones transforman, no son transformadas sino que, insisto, transforman, organizaciones con supuesta vocación revolucionaria-, suele ser trasterrada por la moderna, exquisita y siempre elegante dirección de ICV a las puertas inutilizadas de las conserjerías de institutos del extrarradio. Eso sí, todo ello con sonrisas profidén y gafas, trajes y vestidos muy modernos. Son fashion.

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