Anekdotas del saléu nes buries agües de internete.
Anekdotas de la navegación en las borrascosas aguas de internete.

24 septiembre 2009

27 de septiembre de 1975. Entrevista con Manuel Blanco Chivite

“En un sistema dictatorial todo el mundo sabe que, llegado el caso, va a ser juzgado con criterios políticos, no jurídicos. Uno está perfectamente mentalizado al respecto ya que su lucha, precisamente, es por eso y contra eso”

Hablar con Manuel, siempre es adentrarse en un pasaje dialéctico y seductor, destripar el escenario político siempre es una sorpresa por su capacidad de análisis y la claridad de ideas, desde la necesaria radicalidad del pensamiento, sabe mantener su fina ironía que no pierde con el paso del tiempo, algo normal en un militante a contracorriente y letrado en novela negra, inmerso entre libros y ediciones (1)

Nacido en Donostia. Condenado a muerte bajo el franquismo en 1975, pena que le fue conmutada por 30 años. Hablamos con él cuando se cumplen 34 años de la última borrachera de sangre del franquismo.

LQSomos - En los años 70 empiezan a producirse movilizaciones populares por todo el estado español de protesta, desconocidas hasta entonces ¿tenía el franquismo sus días contados?

Manuel Blanco Chivite.- Según y cómo. Seguía siendo un régimen sólido, pero con problemas graves de crisis económica, agravada por una situación prolongada de dictadura política ya en fase de desgaste. Necesitaba evolucionar y el conjunto del franquismo lo sabía y lo deseaba; se trataba de perfilar el cómo. La base social de esta evolución estaba creada, las nuevas clases medias profesionales urbanas y sectores de una pujante aristocracia obrera, que aspiraban a su cuota de poder de gestión en un régimen democrático de corte occidental. Al mismo tiempo, durante estos años, surgió con fuerza una nueva izquierda, más o menos revolucionaria, a la izquierda de las siglas tradicionales de la II República volcada a un activismo y agitación que presionaba hacia cambios democráticos de gran calado.

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LQSomos - A muchos hoy les puede sorprender, pero en el 75 se paseaban banderas republicanas en las movilizaciones ¿Por qué se freno en seco las aspiraciones a la III República en la transición?

M.B.Ch.- En función de los pactos de esa misma transición. Pactos laboriosos que venían fraguándose desde mediados de los sesenta y que eclosionaron tras la muerte del dictador. Esos pactos excluían la República y cualquier otro modelo económico que no fuese el capitalismo. En eso coincidieron franquismo renovado y antifranquismo dispuesto a formar parte del club de los vencedores (PSOE, PCE, PNV, CiU…), y a aislar y criminalizar todo lo que se situase a su izquierda y enarbolase las consignas republicanas.

LQSomos - ¿Que se siente al haber sido juzgado y acusado sin pruebas, sin garantías de defensa, sin equidad? (2)

M.B.Ch.- En un sistema dictatorial todo el mundo sabe que, llegado el caso, va a ser juzgado con criterios políticos, no jurídicos. Uno está perfectamente mentalizado al respecto ya que su lucha, precisamente, es por eso y contra eso. Todo el sistema judicial de la dictadura era pura corrupción y los jueces la hez de esta corrupción, vulgares delincuentes con toga, con alguna, contadísima, honrada excepción, como el fallecido Joaquín Navarro, por ejemplo y quizás algún otro…

portada_019_2009LQSomos - En las detenciones, hubo torturas salvajes y malos tratos constantes por parte de la policía. Pero llegó la transición con la esperada “democracia” y esos “torturadores” siguieron en sus puestos, algunos incluso fueron promocionados ¿Cómo se entiende esto en una democracia?

M.B.Ch.- En una democracia con raíces históricas y cierta autenticidad eso sería así, en efecto, pero en el caso español, la democracia llegó con un pacto en el que quienes habían ganado la guerra impusieron sus condiciones que fueron aceptadas. Nada se tocó, a nadie se le removió la silla y, en efecto, muchos criminales, con uniforme o sin uniforme, con toga o sin ella, fueron premiados y promocionados.

LQSomos - ¿Qué recuerdos se mantienen de esas últimas horas con los condenados a muerte antes de los fusilamientos?

M.B.Ch Podría deciros, para simplificar, que uno se acuerda de todo o, al menos, de casi todo: las horas en la celda del CPB, la oscuridad de la galería y de la propia celda que carecía de luz, las sombras de los funcionarios, la conducción hasta la galería de servicios donde se nos comunicó la conmutación de la pena de muerte a unos y que serían fusilados a otros… Durante los últimos días, ni siquiera pudimos vernos todos los condenados a muerte, encerrados cada uno en su celda y saliendo al patio veinte minutos al día, por separado.

LQSomos - Por si había alguna duda, los sumarios del 27 de septiembre de 1975 demostraron la naturaleza sangrienta y criminal del franquismo ¿Por qué se sigue ignorando en 2009?

M.B.Ch.- Aquellos consejos de guerra, para un país que cierra sus heridas sin curarlas y en el que los criminales de Estado siguen recompensados, todavía están muy cercanos; supongo que buena parte de los delincuentes uniformados que los componían viven todavía. Además y sobre todo, el protagonismo del ejército en los asesinatos del 27 de septiembre de 1975 fue total y ese ejército, mejor pagado y armado y formando parte de la OTAN en misiones de ocupación de países extranjeros, es el mismo de hoy. Para ellos es un mal recuerdo, un recuerdo que les desenmascara. Estamos ante una ignorancia políticamente interesada.

LQSomos - En junio de este año se ha vuelto a dar “borrón” a aquellos sumarios, con la respuesta de la Comisión de Evaluación de la Ley de la Memoria, ante las peticiones de la familia de José Luis Sánchez-Bravo Solla. En la mayor parte del mundo ser luchador antifascista es un honor reconocido ¿no es vergonzoso lo de España?

M.B.Ch.- ¿Qué queréis que os diga? ¿Vergonzoso? Yo lo veo lógico. Unos son los sucesores directos de la dictadura, hoy reconvertida en Monarquía constitucional (de la constitución del 78); otros, los que han pactado con ellos a cambio de gestionar el cotarro con derecho a enriquecerse y a favor de los intereses que sostuvieron la dictadura. De hecho, ya funcionan como un partido único en Euskadi…

LQSomos - Han pasado 34 años de la muerte en la cama del dictador, todavía no se ha condenado la ilegitimidad del franquismo y sus consecuencias penales, entre otras cosas ¿es necesaria una Ley de la Memoria?

M.B.Ch.- A estas alturas, tal ley, por necesaria que sea, no sería demasiado relevante. Pero aun así, no llegará. Los intereses nacional-españoles que encarnan el PP-PSOE no están por la labor. La monarquía está asentada, pero no tanto como para enfrentar una auténtica Ley de la Memoria o una condena pormenorizada de la dictadura… tirar de ese hilo es demasiado para ellos… quizás dentro de otros cuarenta años o cincuenta o sesenta…
En un seminario de la universidad…

LQSomos - La democracia que tenemos, guste más o menos, es fruto de aquellas luchas que forzaron un cambio ¿La concebís como una conquista? O ¿es una derrota?

M.B.Ch.- Ni lo uno, ni lo otro. No me parece adecuada la clasificación binaria de las cosas. Posiblemente, los franquistas cedieron más de lo que hubiesen deseado (eso explica en última instancia el parón que significó el amago golpista del 23 de febrero de 1981) y los sectores más combativos del campo antifascista se sintieron decepcionados. Pero lo que resultó fue un equilibrio más o menos estable entre franquismo y antifranquismo conciliador, en función de intereses políticos y económicos. La perspectiva de tocar poder y dinero resultó muy sugestiva para el PSOE, el PCE y los nacionalismos democrático-burgueses y tal es lo que ofrecía y necesitaba el franquismo reciclado. La reconversión industrial y bancaria con sus tres millones de parados fue cosa del PSOE de González, así como el GAL y la normalización de la tortura como oficialmente inexistente. Las clases medias urbanas, como he dicho antes, y la aristocracia obrera aportó la base social al proyecto de transición. En todo ello, algo se ganó y mucho, quizás demasiado, quedó por ganarse. Ahí hay mucha tarea para las nuevas generaciones; ellas tienen la palabra, la decisión y la acción.

LQSomos - En ciudades como Madrid, tras el derribo de la cárcel de Carabanchel ¿no apreciáis que están muy interesados en borrar muchas cosas?

M.B.Ch.- Creo que estamos ante lo más de lo mismo. Borremos símbolos que son testigos de una época ya molesta para todos (para todos, es decir, para PP-PSOE) y hagamos negocios con el terrenito…

LQSomos - Por cierto, de la cárcel de Carabanchel, al final nadie vio las Celdas de Prevención Bajas “CPB” (3), nadie habla de ellas. Por qué existir… ¿existieron?

M.B.C.h.- Como decía cierto autor francés: “Guatemala no existe; lo se porque yo he estado allí.”

LQSomos - Lucha directa contra el franquismo, clandestinidad, detenciones, torturas, cárcel… Después de haber vivido todo eso, cuando uno ve la situación actual, donde se han quedado los compromisos, como son las movilizaciones, el “politiqueo” ¿Vale la pena? ¿Hay que seguir?

M.B.Ch.- ¿Vale la pena? Hace tiempo una periodista me planteó lo mismo. Si fuese ministro, le respondí, ¿me harías la misma pregunta? Es una cuestión que tiene que ver con la vida que uno ha elegido. El otro día le pregunté lo mismo a un tipo que llevaba cuarenta años en un trabajo que no le gusta demasiado, un tipo que jamás ha arriesgado nada, olvidando que sin riesgo no hay libertad, pagando todos los impuestos y todas las multas y saludando emocionado a cada cámara de videovigilancia… ¿vale la pena?

LQSomos - Septiembre del 75, septiembre del 2009 ¿queremos República? ¿Qué Republica queremos?

M.B.Ch.- Yo sí. La cuestión es: ¿cuántos somos?, ¿qué riesgos asumimos para ser un poco más libres?, ¿seguiremos manteniendo los dogmas de nuestros abuelos y cada cual seguirá creyéndose el ombligo de la historia destinado a dictar la verdad a los demás?...

Manuel Blanco Chivite en LQSomos

Unanimidad en el gobierno sobre las penas de muerte

Notas:

1.- Desde la cárcel de Córdoba, en 1977 publico su primer libro “Notas de prisión”. Liberado en noviembre del 77, siguió con su militancia y su profesión de periodista y escritor colaborando en “La gaceta del norte”, en el clausurado “Egin”, en “Interviú” o “Primera plana” donde trabajo con Manuel Vazquez Montalbán… en 1989 publico “De matar y de morir”, en el 91 “Ciudad sangrienta” y “Operación Mendi”, en 1992 publicó “Manuel Vázquez Montalbán & José Carvalho” un ensayo que en su primera parte es una larga conversación con el biografiado. Después vendría una larga y prolífica lista de publicaciones: Diario de Etiopía, Ciudad sangrienta, Los comunicados del Lobo, Trío de negras… y su nueva etapa como editor al frente de ediciones VOSA, y a día de hoy con “El garaje ediciones”. Es escritor de diversos géneros como novela policíaca y erótica, libros de viajes, biografías, ensayos literarios, colecciones de aforismos...

2.- “El que suscribe no puede por menos que constatar una vez más que los derechos elementales de la defensa, es decir, el derecho que tiene el acusado a ser juzgado con equidad… han sido menospreciados en España de la manera mas grosera. El proceso de los cinco militantes del FRAP ha constituido un simulacro…”
Del informe de Christian Grobet, miembro de la Liga Internacional de los Derechos del Hombre y asistente a los Consejos de Guerra.

3.- Celdas de Prevención Bajas (CPB), Instituciones Penitenciarias no las ha reconocido nunca, con el derribo de la cárcel de Carabanchel se fue otra “mancha” negra de la represión. Muchos de los detenidos pasaron 40 días y 40 noches, incomunicados, en una soledad absoluta, entre cuatro paredes en donde sólo había un agujero en suelo (váter), un grifo y una botella de plástico de leche vacía que servía de cisterna para el váter y de vaso para beber…

…”No se han registrado todavía los nombres de los verdugos y carceleros en la lista de criminales, no se ha limpiado el buen nombre de las víctimas que desde las cárceles lucharon contra el fascismo y tantas murieron por ello. Siguen siendo criminales porque ningún gobierno de la Monarquía parlamentaria se ha atrevido a invalidar, por genocidas, las actuaciones gubernamentales de la dictadura franquista. Muchas y muchos tenemos todavía en nuestro cuerpo grabado las manifestaciones frente a la cárcel de Carabanchel exigiendo ¡Amnistía y libertad!...”
Beatriz Martínez Ramírez (septiembre 2008)

16 septiembre 2009

Cuaderno de crisis/ 9

Albert Recio

¿Pacto social?

I

Cada vez que tenemos para masivo surge un clamor a favor de un pacto social. La visión de la economía nacional como una especie de organismo colectivo constituye una representación cultural potente, reforzada cuando las cosas van realmente mal. Una visión socialmente aceptable porque se fundamenta en una cuestión esencial: la importancia de la cooperación social para alcanzar cualquier objetivo importante y, especialmente, cuando se trata de hacer frente a situaciones graves. Al fin y al cabo la concepción orgánica de la economía nacional no hace sino proyectar a una escala superior la cultura de la cooperación y el objetivo colectivo que cohesiona el funcionamiento cotidiano de todas las instituciones de menor nivel que organizan nuestra vida material y social. Familias, empresas, organizaciones sociales, clubs deportivos…desarrollan esta misma idea de interés colectivo que promueve la cooperación, aunque a menudo ello sirva también para esconder las desigualdades, jerarquías, conflictos de intereses que conforman su verdadera realidad.

La idea de una economía nacional tiene también su significado cuando se advierte que los estados nacionales son aún un espacio significativo de regulación de la actividad económica y laboral, donde persisten fuertes diferencias tanto en la regulación pública como en los modelos de especialización y organización productiva privada de cada país. Aunque el capitalismo es un sistema global, su realidad se manifiesta en un mundo caracterizado por fuertes desigualdades nacionales, no reducibles a un mero proceso de división mundial del trabajo decidido desde un centro mundial. Subsisten espacios de intervención nacional nada despreciables, que explican que países de parecido nivel de desarrollo (por ejemplo en términos de PIB per cápita) mantengan importantes diferencias en la distribución de la renta, el peso del sector público o el nivel de innovación tecno-productiva.

A la izquierda radical nunca le han gustado los pactos sociales. Su rechazo incluye razones estratégicas y tácticas. En el primer plano la cuestión crucial es la legitimación del sistema capitalista en general o de alguna de sus variantes particulares, lo que se supone impide desarrollar una conciencia social crítica. En el plano táctico, el contenido concreto de las concesiones. Esta fue por ejemplo la crítica que muchos realizamos a las políticas de pactos de la década de los ochenta, que coincidieron con la introducción del capitalismo neoliberal y conllevaron importantes concesiones en términos de salarios reales y derechos laborales. Pero sin negar que estos riesgos existen, no puede pasarse por alto que cualquier estrategia pacífica de transformación social incluye procesos sociales que de algún modo incluyen acuerdos sociales más o menos tácitos. La cuestión central es ver en que condiciones, bajo que supuestos, se realizan dichos acuerdos. En qué medida suponen mejoras sociales importantes y abren o cierran vías de transformación social.


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II

La paradoja del momento actual es que ha sido la CEOE la que ha renunciado a un pacto social. Creo que una vez más ha mostrado tener una estrategia mucho más definida que la de sus interlocutores (gobierno y sindicatos). Más allá de sus demandas maximalistas, los líderes empresariales tienen claro que poco pueden sacar de un pacto que sólo les reportaría mejoras menores (aunque no despreciables, como la rebaja de cuotas de la Seguridad Social) a cambio de dar alas a un Gobierno del que desconfían. A pesar de su vacuidad y de sus incoherencias, Rodríguez Zapatero sigue siendo demasiado estricto en no sobrepasar algunos límites que la patronal quiere superar. No hace falta pensar en una conspiración para entender que la patronal prefiere un gobierno de derecha dura y confía que el desgaste generado por el paro masivo acabará por desplazar del poder al PSOE. Pocos gobiernos en el mundo consiguen repetir en una situación de paro masivo y la experiencia española también apoya esta conjetura: Felipe González perdió las elecciones en 1996 cuando el país llevaba tres años de paro masivo, no en 1993 cuando era más agudo el debate sobre los GAL y la corrupción. Una victoria del PP quizás no traiga consigo todo el programa maximalista que ha lanzado la patronal. Pero puede conducir a la aprobación de muchas de las reformas del estilo de las propuestas en el manifiesto de los cien, que si tenemos que valorarlo por la machacona insistencia y la variedad de canales por los que se trata de propagar es, de forma aproximada, el programa de reformas que trataran de colar.

Por ello es tan necesario que quienes defienden otro pacto social, o quienes simplemente piensan que hay que acumular fuerzas sociales para resistir a esta ofensiva y tratar de empezar a cambiar la orientación esencial de la política económica, empiecen por desarrollar algunas ideas-fuerza y alguna explicación clara que permita ganar audiencia, generar respuestas y minar los argumentos neoliberales.

III

El debate sobre el pacto social puede ser útil si empezamos por formular la cuestión en términos de “¿para qué un pacto?”, cuya respuesta lógica es “para crear las bases de un modelo económico más sostenible, estable, justo”. Hay que esperar que la respuesta convencional sea la conocida salmodia de la competitividad. Sobre la misma, la derecha y los neoliberales han construido su canon de propuestas simples en forma de reducción de salarios, de derechos sociales, de impuestos. Hay en cambio más de una evidencia para mostrar que ha sido la continuidad en este modelo la que ha conducido a la situación actual.

Los datos están ahí y son fácilmente consultables en la página de Eurostat. España ha sido el país europeo que en la última década ha reducido más los costes de salarios unitarios (un 6,4% entre el año 2000 y el 2007, frente a una reducción en la UE-15 del 2,8%), Estamos también a la cola en gasto social, salario mínimo, etc. Y en cambio nuestra balanza comercial, la que sirve para medir la relación social con el exterior, no ha parado de empeorar (excepto en el último año, debido a la recesión). No parece que insistir en bajos salarios y bajos costes sociales sea una vía útil ni siquiera para los planteamientos convencionales de la competitividad.

La razón del fracaso de estas políticas es relativamente fácil de entender: si la competencia se basa en salarios bajos hay muchos otros países que nos pueden ganar; no sólo parten de condiciones sociales peores (y por tanto socialmente más toleradas) sino que, por su tamaño, están en mejores condiciones de actuar como grandes proveedores internacionales (la economía española siempre ha padecido de un problema de escala). Tampoco tenemos el desarrollo tecnológico ni la capacidad productiva y organizativa de las economías maduras. La economía española lleva años metida entre dos espacios en los que es incapaz de competir. De hecho, los problemas de competitividad provienen tanto de la incapacidad de crear mercados a la producción local como del consumo intensivo de bienes de importación. Si de estrategia competitiva hay que hablar, la única posibilidad es, como siempre, la de desarrollar “nichos” de mercado especiales, que indudablemente requieren mas tecnología y mejor organización y cooperación social. Y ello requiere un trato más cuidadoso de la fuerza de trabajo y más intervención pública, lo contrario a recortar salarios e impuestos, como la derecha y buena parte de los economistas convencionales proponen.

La única medalla de oro española en el mundial de atletismo se la ha llevado Marta Domínguez en 3000 metros obstáculos. Creo que parte de su mérito ha sido el saber elegir una prueba que por ser nueva en el campo femenino, y relativamente técnica, era más fácil de ganar que otras más convencionales donde caribeñas y africanas tienen un monopolio consolidado. Si quieren es un ejemplo tonto, pero expresa bastante bien la lógica del éxito competitivo: buscar un espacio adecuado a los propios recursos, con una cierta posibilidad de desarrollo productivo autónomo, relativamente nuevo, y no entrar a competir en aquellos campos donde los oligopolios ya están asentados.

IV

Si hay que hacer algún pacto social éste debe orientarse a cambiar en serio las limitaciones del modelo vigente. No es posible sostener el tipo de especialización que ha explicado los presuntos años de “vacas gordas”, y también resulta evidente que el modelo tiene otra deficiencia grave en su insostenibilidad ambiental y social. La sociedad española es más desigual que muchas de su entorno y el modelo de familia mediterránea al que históricamente recurrió para cubrir muchas deficiencias (recurso basado sobre todo en el trabajo no reconocido de las mujeres y en una potente solidaridad intergeneracional) ya no tiene capacidad de soportar las cargas sociales que genera el sistema actual. Por razones como los cambios en la propia estructura familiar, la nueva y creciente demanda de cuidados que genera el (por otra parte deseable) alargamiento de la vida humana, la incorporación masiva de las mujeres adultas al mercado laboral, o el creciente endeudamiento generado por el propio modelo de distribución y consumo.

Poner la economía sobre nuevas bases es introducir cambios estructurales que posibiliten vivir con dignidad y un grado satisfactorio de seguridad. Y eso será imposible de realizar sin cambios significativos en los mecanismos de distribución de la renta, tanto primaria (reduciendo el elevado diferencial de salarios, aumentando el salario mínimo y poniendo límites a las rentas más altas) como secundaria (cambios en el sistema impositivo que castigue las fórmulas de ganancia parasitaria, mejoras en la provisión de servicios básicos), así como sin un pacto que garantice una dotación adecuada de servicios públicos de cuidado. Cambios que son a la vez distributivos, del papel del sector público y del empleo. En la misma línea, se deben empezar a potenciar planes para alterar aquellas actividades que generan los mayores impactos ambientales negativos, como el transporte, el consumo energético. etc. Cualquier cambio que no vaya en esa dirección tiene poca capacidad de cambiar el modelo. Y por tanto la continuidad del actual “pacto social implícito” (el que de facto determina el modelo impositivo, distributivo actual) sólo puede generar la repetición o el agravamiento de los problemas que hemos padecido los últimos años.

En una propuesta de cambio serio del modelo actual cabe preguntarse si no se requieren, también, algunas reformas en la reorganización del mercado laboral. Hay algunos casos donde ello es evidente. Empezando por todo el complejo de formación profesional-cualificación-organización del trabajo. Cuando en España se insiste en la existencia de un diferencial negativo en la educación de la fuerza de trabajo se suele pasar por alto que la diferencia se encuentra sobre todo en la formación profesional. Hablando en plata, este es un país regido por señoritos que han ignorado la importancia de la formación laboral y han primado una educación superior asociada al estatus. Y en ello han tenido la complicidad de un empresariado poco interesado en desarrollar una formación que a la larga podía traducirse en mayores salarios y en un modelo organizativo más democrático. La reforma de toda la línea que supone formación profesional-formación ocupacional-formación de adultos es sin duda una importante prioridad. Un cambio que, por otra parte, puede tener efectos positivos sobre el tan preocupante problema del fracaso escolar.

La segunda reforma fundamental debe ir en la línea de lo propuesto anteriormente. Un modelo de negociación colectiva y de “voz” sindical orientado a reducir las enormes desigualdades laborales y a permitir la implementación real, especialmente en la diáspora de las pymes, de los derechos laborales en temas como seguridad e higiene laboral, contratación irregular, conciliación de la vida personal, desigualdades de género, etc. Una vía que pasa por lo opuesto de lo que proponen los “economistas teóricos” defensores de la fragmentación de la negociación colectiva. Sólo con políticas centralizadas es posible generar derechos comunes. Sólo con mayores derechos reales de participación democrática es posible evitar los abusos.

Sin duda todo es revisable. Y si hay una negociación real deberán matizarse muchas cuestiones. Pero creo que cualquier propuesta de pacto debería comenzar por lo que he tratado de proponer: un diagnóstico adecuado de los males y defectos del actual modelo económico y social, una propuesta en positivo de la orientación de los cambios. Y un trabajo cultural, de debate social al respecto. Mucha gente ha pensado, comentado, escrito al respecto. Parece, sin embargo, que la pretendida izquierda política y sindical sigue demasiado perpleja, tímida o incapaz de formular algunas ideas clave, en contraste con una patronal irresponsable pero que sigue teniendo claro como defender sus privilegios. El tiempo de las respuestas se acorta.

Brotes verdes o más de lo mismo

Los augures están optimistas. Algunas economías importantes han empezado a tener tasas de crecimiento positivo. Algunos de los bancos que recibieron ayudas voluminosas no sólo las han devuelto sino que anuncian beneficios. Y en bastantes lugares la bolsa sube. Los augures dicen que la pandemia ha sido sólo una gripe pasajera y que en un par de años volveremos a estar en pleno crecimiento. Eso sí, seguirá habiendo mucho paro. Ya se sabe que todos los problemas no se pueden resolver a la vez y los parados y paradas, como corresponde a gente modesta y sin ambiciones, deben tener paciencia. Cuando los negocios vuelvan a marchar a toda vela ya vendrán tiempos mejores y hasta puede que consigan un empleo temporal.

Que los datos de crecimiento den valores positivos no significa que el malestar económico vaya a desaparecer. En cualquier recesión importante hay fluctuaciones (al igual que en las fases de crecimiento) ligadas a los ciclos cortos, las intervenciones públicas, etc. La cuestión, desde esta perspectiva, es si persisten las razones que han abocado a la economía a una fase de recesión profunda. Y la experiencia de periodos pasados da para prever que podemos haber entrado en una fase de enorme incertidumbre y estancamiento. Por ejemplo, en la crisis de los años 70 del pasado siglo la caída del PIB en las economías capitalistas avanzadas no fue tan brutal como la actual y el período de incertidumbre, recesión y elevado desempleo se prolongó desde 1973 hasta mediados de los años ochenta.

El problema principal es que no parecen haberse resuelto, ni siquiera enfocado correctamente, ninguno de los determinantes estructurales que dieron lugar a la crisis. Empezando por el principal responsable, el sistema financiero. Nada serio ha cambiado en las regulaciones financieras. Los trabajos más rigurosos de los economistas críticos (algunas referencias importantes ya, como el número de julio del Cambridge Journal of Economics, o el libro colectivo editado por la Real World Economic Review, o las propuestas de Paul Davidson) inciden en la necesidad de una reforma radical tanto del sistema de divisas internacionales como del sistema financiero en su conjunto, principal factor de creación de riesgo sistémico y de una economía de rentistas. Más bien parece que, pasado el peligro, cedido el riesgo al sector público, los bancos que han salvado la quiebra, debidamente engrasados, vuelven con sus prácticas de siempre. En las páginas de la prensa económica leemos a diario noticias que dan cuenta de la reaparición de los productos estructurados (precisamente el tipo de productos financieros que desencadenó la crisis), de captación de dinero con bonos preferentes, o de la recompra con fuertes descuentos de bonos que se vendieron a inversores privados a 100 y se recompran a 70 (primero se les vende un producto basura, después se les espanta con que el producto será más basura y se recompra a un precio menor, con lo que el banco consigue una notable plusvalía).

Que algunos de los bancos que ha recibido ayudas haya podido devolverlas en tan poco espacio de tiempo, más que indicar una economía sana apunta a tres cosas: a) que realmente se ha transferido toda la porquería financiera al sector publico, y que por tanto lo que se transfiere es un enorme agujero que afectará a las cuentas públicas en los próximos años; b) que con el dinero recibido se ha vuelto a las operaciones especulativas que son las que permiten grandes ganancias a corto plazo; c) que se está permitiendo a los bancos nuevas modalidades de contabilidad creativa con las que hacer aparecer buenos resultados allí donde no existen. Posiblemente la historia real sea una combinación de todo ello.

También en España las llamadas a la regulación son contradictorias. Recientemente por ejemplo se ha procedido a liberalizar la forma como los bancos contabilizan los créditos hipotecarios impagados y las aseguradoras sus inversiones en títulos financieros. Hasta ahora, si un banco tenía una hipoteca impagada tenía que provisionar al cien por cien el valor del impagado (o sea si le debían 200.000 euros, debían crear un depósito de sus fondos con este valor) y si tenía muchos impagados debía provisionar mucho dinero que ya no quedaba libre para prestar (y por tanto se reducía su rentabilidad). Ahora, puede calcular cuál es el verdadero valor de mercado del activo (el valor del piso) y sólo debe provisionar por la diferencia entre el total del crédito y ese valor. La cuestión es que no queda claro quién determinará dicho valor y ello deja la puerta abierta a que los propios bancos hagan una valoración optimista para reducir sus provisiones, aumentando su riesgo. De la misma manera, las aseguradoras se enfrentaban al problema de que las caídas en bolsa de sus activos financieros generaban grandes pérdidas. Ahora, se abandona la idea de que el mercado es quien mejor evalúa los títulos financieros y se incluye otro método que deja más libertad a las aseguradoras para evaluar sus activos. En definitiva, la quiebra del mercado como buen evaluador se está traduciendo en dejar que sean las propias entidades financieras las que se autoevalúen. Y aunque la cuestión quizás tenga algo de razonable, todo apunta a que la voluntad de restablecer la liquidez del sistema financiero está abriendo nuevas vías de especulación que plantearán nuevos cracks futuros.

El problema está en que en el nivel de endeudamiento que han asumido los estados un nuevo rebrote de crisis financiera puede encontrarse con más dificultades de intervención. Por lo elevado del endeudamiento y por la persistencia del tabú de los bajos impuestos. Y es que si algo han conseguido generar treinta años de hegemonía neoliberal es una base social de clases medias ignorantes y ensimismadas que consigue bloquear las propuestas reformistas más elementales, como la reforma sanitaria norteamericana o la progresividad impositiva en general. Por eso, más que nunca es necesaria una intervención colectiva sostenida de educación económica y de desarrollo de un programa económico alternativo.

15 septiembre 2009

Marcas blancas, consumidores, capitalismo y crisis

Marcos Roitman Doctor en sociología

Con grandes dosis de ironía, el autor pone de manifiesto la agresividad de las campañas iniciadas por las empresas más poderosas contra las marcas blancas. Campañas que no dudan en utilizar el chantaje emocional para advertir al consumidor de que comprar ese tipo de productos significa perjudicar a la industria y apostar por el mantenimiento de la crisis. Cuando todo va bien, elegir en el mercado es la ley. Cuando las cosas se tuercen, optar por las marcas blancas es tomar una opción equivocada. El cliente ya no tiene la razón.

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En medio de un proceso de restructuración del capitalismo, donde se multiplican el desempleo, el trabajo precario, el despido libre y la pérdida de derechos laborales, las empresas trasnacionales abogan por un consumo de marcas. Hacen defensa de lo suyo y no escatiman esfuerzos. En otros términos, tratan de inducir compras con sello. En la actualidad esta práctica se traduce en una agresiva campaña publicitaria, considerando irresponsable adquirir productos blancos. Todos los anuncios de las grandes empresas concluyen con un rotundo «no producimos para otras marcas».

Igualmente, han construido un relato específico: no se engañe, envases similares no garantizan calidad. Se sienten abandonados por los consumidores, quienes han perdido la fidelidad una vez transcurrida la bonanza de los sectores medios, tan adictos a las modas como al consumo suntuario. Antes muerto que sencillo.

Hoy, los fabricantes de marcas consideran una competencia desleal la emergencia de productos de bajo costo. Según ellos, los ingenuos compradores se arriesgan a sufrir decepciones. Por consiguiente, son objeto de fraude. Además, optar por este tipo de consumo tiene una consecuencia nefasta: el aumento del desempleo. Si no lavan con los detergentes procedentes del futuro, desayunan con cereales para combatir el estreñimiento o meriendan con cremas de chocolate y avellanas para ser fuertes, las empresas con pedigrí se verán en la imperiosa y triste necesidad de recurrir al despido de personal. Todo tiene un precio y la irresponsabilidad, al preferir marcas blancas, conlleva profundizar la crisis y aumentar las cifras del paro. La conclusión es de Perogrullo; aporte su granito de arena. No renuncie a los consejos ni sea un mal consumidor. Evite convertirse en un pirata y un traidor. No se deje seducir por cantos de sirena. Comprar barato es una estrategia errónea y peligrosa. A la larga siempre sale caro.

El ejemplo más sangrante para preservar el monopolio de las marcas con tanta explotación conseguida tiene su máxima en la actuación de las empresas farmacológicas y agroindustriales. Los grandes laboratorios se oponen al consumo de genéricos. Son cancerberos celosos de sus patentes e investigaciones. Tampoco las empresas enquistadas en el sector agrícola y alimentario se quedan atrás con su política agresiva de implantar el consumo de transgénicos. Ellos, que son los mismos que acosan y acaban con los pequeños y medianos campesinos, les obligan a consumir sus productos. Sin embargo, encolerizan cuando se cuestionan sus prácticas y se abren otras alternativas. Mutados en guardianes del mercado, no aceptan la competencia. Se consideran atacados por una plaga de ecologistas sin alma, cuyo fin pretende acabar con su existencia.

Así se presentan como honestos empresarios. Ayúdeles a sobrevivir. Gaste un poco más y obtenga en compensación el placer de olfatear olores exclusivos, paladear sabores sublimes y tener sensaciones de ensueño. No se abstenga, abra cajas con artículos 10 veces más pequeños en su interior. Practique idiomas leyendo las instrucciones en cirílico, alemán, francés o italiano. Viva la magia de envoltorios. Déjese llevar por el erotismo de las formas. Dé rienda suelta a sus emociones reprimidas cuando adquiera camisas Lacoste, sudaderas Adidas o pantalones Levi's. Cruce la frontera, atrévase a saborear la diferencia. Siéntase deseado y admirado. Aléjese del resto de los mortales ajenos a la felicidad de vestir, comer o divertirse luciendo etiquetas de las trasnacionales comprometidas con el consumo responsable.

Pero si a pesar de las recomendaciones opta por galletas, yogures, chorizos, camisas, perfumes o bolígrafos anónimos, se transforma en un canalla sin cualidades. Está condenado al fracaso y llevar una existencia gris. En definitiva, nos dicen, uno acaba siendo lo que consume. No debe conformarse con un coche cualquiera. Debe comprar un BMW, y si no paga los plazos fue feliz mientras duró, aunque le embarguen. Igualmente, no sea tacaño. Celebre el acontecimiento con champagne francés y no lo sustituya por sidra asturiana o vino espumoso. Si cae en dichas aberraciones demuestra su mediocridad.

Hasta hoy, los acólitos del capitalismo nos han dado la murga afirmando que el mercado constituye el espacio donde se despliega la libertad de elegir, base del progreso, la democracia y la acumulación de capital. Sin embargo, en medio de una crisis, cuando el principio y libertad de elegir debe primar sobre cualquier otro, su ejercicio se transforma en un obstáculo. Los consumidores apegados a sus criterios de libre elección son adjetivados de arpías, seres despreciables, sacrílegos condenados al infierno.
Por esta razón, de la noche a la mañana, se elimina del manual del buen empresario la frase enseñada con tanto fervor a los empleados de sus comercios: el cliente siempre tiene razón. Ahora debe ser rechazada. Atrás queda el mercado fundamentado en los gustos del cliente. Si anteriormente los empresarios satisfacían al consumidor mediocre que prefería vino barato ofertando aguachirle a los mejores caldos, hoy es una alteración de las leyes de la oferta y la demanda. Este principio, otrora una verdad irrefutable para los gurús amantes de la economía de mercado, se considera obsoleto. Ahora son intervencionistas.
Por último, es curiosa la escasa o nula congruencia entre teoría y práctica de una economía de mercado. Primero se predica la libertad de elegir, y cuando se ejerce se penaliza a sus ingenuos ejecutores. Esta paradoja, inherente al capitalismo, no tiene solución dentro de sus entrañas, de lo contrario no sería una paradoja. Se vive en un mundo esquizofrénico donde no hay escapatoria, salvo transformando las paradojas en contradicción.

Es decir, en enunciados dialécticos articulados a voluntades políticas para superarlos. En ello consiste el problema. Mientras tanto, las empresas cuyas marcas controlan el mercado seguirán patrocinando un consumo acorde con sus intereses en contra de toda perspectiva ética y humanista.

© La Jornada

 
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