Anekdotas del saléu nes buries agües de internete.
Anekdotas de la navegación en las borrascosas aguas de internete.

31 mayo 2010

CONCENTR-ACCIÓN CONTRA LA INCINERADORA!

CONCEYU CONTRA LA INCINERACIÓN, PLATAFORMA DE GANADEROS Y AFECTADOS POR LA INCINERADORA CONVOCAN EL PRÓXIMO DOMINGO 6 DE JUNIO UNA CONCENTRACIÓN EN LA PLAZA DEL NÁUTICO EN GIJÓN. ABIERTO A TODAS LAS PERSONAS, ORGANIZACIONES, COLECTIVOS, ECT.

24 mayo 2010

Breve diccionario de tópicos para salir de la crisis.

Albert Recio
Mientras tanto electrónico, 7 de abril de 2010.



  Ante la ausencia de respuestas reales a los problemas planteados a la humanidad, los ideólogos y comentaristas económicos persisten en reiterar una serie de palabras mágicas que, según ellos, nos sacarían de la crisis. En tiempos prevacacionales y tras un trimestre en que este comentarista ha tenido la mente entretenida en otros luctuosos menesteres (por fortuna sin pérdida de vidas humanas), al plantearse su cita mensual con el MT digital no le queda otra idea que repasar algunos de los tópicos que un día sí y otro también se presentan como respuestas adecuadas a la crisis. Como pasos de un libro de instrucciones que por nuestro empeño en no seguirlo nos mantienen en el marasmo del paro masivo y la incertidumbre permanente. Se trata de ideas fuerza que han desarrollado los principales think tanks capitalistas, que han recibido una cierta cobertura académica y que han penetrado también en el pensamiento de las propias víctimas. Sin duda un pensamiento hegemónico que, en mi modesta opinión, dificulta más que ayuda a encontrar soluciones. Lógicamente uno no tiene respuestas para todo, sólo el atrevimiento de plantear algunas reflexiones críticas.
Capital humano y calificación

            El “mantra” que siempre obtiene mayor aceptación social. El único que suele poner de acuerdo desde al Fondo Monetario Internacional a la izquierda radical. La formación se ve como una cuestión neutra, cuanto más mejor. Si una empresa tiene poca rentabilidad, si un país tiene problemas, es por su baja productividad, su bajo valor añadido. Y la receta básica es aumentar la formación.

            Es cierto que para producir, y para cualquier cosa de la vida, hay que aprender. Pero cada actividad requiere su propio proceso de aprendizaje y hay conocimientos que son enormemente valiosos para el bienestar humano, para la participación social, para el enriquecimiento cultural y que no son necesariamente funcionales a las lógicas de la empresa privada. Del mismo modo que la misma medición del valor de lo que cada uno produce no es independiente del marco jerárquico, de las normas de evaluación a las que cada uno se aplica. Por poner un ejemplo que conozco: la evaluación de la producción científica tiende a realizarse cada vez en función de la cantidad de artículos que se publican, del tipo de publicaciones (quien establece la jerarquía de publicaciones está definiendo “el valor”) y del orden en el que se firma un artículo. No es raro encontrar casos donde ser director de equipo conduce automáticamente a mejorar el número de publicaciones y la posición en la firma. Este tipo de consideraciones valen para el mundo en general. El valor añadido de las empresas expresa tanto su eficiencia como el lugar de la cadena productiva que ocupan: las empresas que ocupan posiciones centrales (como las ensambladoras de coches o las grandes cadenas comerciales) están en condiciones de mejorar su posición relativa sobre el resto de empresas que cooperan en la realización de su producto social. No es casualidad que los dos hombres más ricos de España según el ranking de la revista Bloomberg sean los propietarios de dos empresas situadas en el núcleo central de una extensa cadena productiva (Amancio Ortega de Inditex/Zara e Isaac Andic de Mango). Cuando se realizan comparaciones internacionales se advierte fácilmente que una cuestión es la formación requerida para llevar a cabo una actividad y otra el mecanismo de reconocimiento de la cualificación. Este último depende del modelo institucional específico de cada país, de qué papel juega la certificación de conocimiento, de cómo se organiza el específico mercado laboral de cada profesión (como saben bien las mujeres cuyos nichos de empleo son a menudo considerados poco calificados como justificación de bajos salarios).

            Tener una población más culta es sin duda bueno. Formar a las personas en actividades concretas también. Pero pensar en una relación completa educación-productividad es discutible: el crecimiento de las desigualdades en las últimas décadas se ha dado en un período de expansión de la educación y de aumento de la inseguridad económica global.
Competitividad

            Palabra mágica. Punto de referencia de todas las propuestas económicas. Ha penetrado incluso en algunos discursos de movimientos sociales (como en las propuestas de la Plataforma a favor de la Reforma de la Diagonal de la que doy información en otra sección de este boletín). No es extraño que ocurra en una sociedad donde el deporte ha alcanzado un desproporcionado papel de espectáculo y movilización social. Sobre la idea de competencia, de lucha, de carrera promocional, de éxito y fracaso se construye una buena parte del planteamiento vital de las capas medias, al menos de los sectores profesionales, de las personas educadas. Forma parte también del punto de vista empresarial, del modelo institucional de la empresa capitalista pensada ella misma como un “equipo” que compite por una cuota de mercado. Pero vista con otras perspectivas no resulta tan claro que ésta sea una buena línea de respuesta social.

            En primer lugar, competir y ganar se puede hacer de muchas formas: jugando bien, comprando al árbitro, haciendo trampas. De hecho cualquier aficionado al deporte sabe que las reglas de juego influyen y que los recursos que cada uno tiene suelen ser determinantes. Casi todas las ligas del mundo tienen un pequeño puñado de ganadores. Traspasado a la realidad económica ello quiere decir muchas cosas: que se puede ganar con más o menos eficiencia social (externalizando los costes sociales en forma de depredación ambiental, empeorando las condiciones de trabajo, evadiendo impuestos, por ejemplo). Individualmente, la vía puede ser indiferente, pero socialmente el resultado es completamente distinto.

            En segundo lugar, los juegos competitivos suelen acabar siendo juegos de suma cero, donde alguien gana pero otros muchos pierden. En una competición deportiva, en una actividad lúdica, que ello ocurra es trivial, los efectos para los perdedores son a menudo más simbólicos que reales. Pero en otros campos los efectos pueden ser devastadores. Diseñar la economía como una actividad de suma cero es condenar a individuos, grupos sociales, regiones o países a situaciones de perpetua inseguridad económica (máxime cuando pensamos en economías reales donde la distribución de los recursos y de poderes económicos parte de una desigualdad extrema).

            En tercer lugar porque muchas de las prácticas competitivas están sujetas a la “paradoja de la composición” (pensar que si uno adopta una actuación los otros no lo harán). Cuando ocurre lo contrario y todos realizan la misma acción el resultado es el contrario del esperado, como expuso hace unos setenta años Joan Robinson al señalar que si uno se pone de pie en el cine puede que vea mejor la película que el resto, pero si todos lo imitan simplemente la verán igual de mal y con mayor incomodidad. Es bueno recordarlo porque alguna de las vías de la competitividad conduce directamente a este tipo de paradojas. Tal es el caso de la reducción de salarios para incrementar las exportaciones. En términos de la economía mundial si un país tiene superávit comercial otro debe tener déficit, es imposible que todos los países exporten más que importen. Si todos siguen una política de reducciones salariales para fomentar las exportaciones el resultado más probable es que se contraiga la demanda mundial de consumo y con ello el efecto final es que estemos en una economía más deprimida que la inicial. Otra vez el resultado nefasto de la paradoja de la composición. (Por cierto que España ha sido el segundo país de la UE 27 con una mayor reducción de los costes salariales unitarios en la última década y ello no le ha permitido resolver el problema exterior).

            Lo contrario de competitividad es cooperación y reglas de interacción social que promuevan la eficiencia y limiten los abusos. Muchas de las desigualdades del actual sistema mundial se encuentran en los bloqueos a la cooperación social y la persistencia de normas que favorecen a los poderosos. El bloqueo a la cooperación está en gran parte ligado a la voluntad de mantener un modelo distributivo que concede a unos pocos una inusitada porción del producto social.
Flexibilidad (laboral por supuesto)

            La palabra de orden desde la década de 1980. Con un sustrato razonable: la necesidad de adaptación es esencial a la existencia humana. Pero con una plasmación que en la mayoría de casos se traduce en inseguridad económica aplicada a los asalariados (tanto mayor cuanto más abajo se situan en la jerarquía ocupacional), en un aumento de las desigualdades y en una creciente imposibilidad de articular la vida laboral con el resto de actividades que dan sentido y organizan nuestra entera vida social.

            Los estudios sobre la flexibilidad muestran que existen vías diversas para la respuesta adaptativa. Pero la que ha predominado es la flexibilidad cuantitativa externa, el ajuste del empleo ante las variaciones de la actividad productiva. El mercado laboral español es, al respecto, muy flexible, pues el empleo se expande o contrae a mucha velocidad ante cualquier giro coyuntural. Los sindicatos vienen exigiendo un cambio de modelo, con mayor peso de la flexibilidad interna que no afecte al empleo (flexibilidad de horarios, movilidad interna, polivalencia). En muchos casos sus efectos son menos dañinos pero no constituyen una alternativa completa. Es elocuente el ejemplo de la industria del automóvil, donde se llevan años de negociación de estas medidas: cuando la crisis aprieta los mecanismos de flexibilidad interna (por ejemplo la cuenta de horas) dejan de servir y se adopta la flexibilidad externa (lo que hay que contemplar no sólo en las grandes empresas de ensamblaje sino en el conjunto de la red productiva, con cientos de subcontratas).

            Hay que cambiar el debate. Limitar la flexibilidad al nivel de empresa impide plantear otras cuestiones. La principal es analizar qué parte de la variabilidad productiva responde a necesidades inevitables de adaptación; cuál a la inestabilidad global del sistema económico generado por elementos como la especulación financiera (y sus efectos sobre los mercados de divisas), las estrategias de acortamiento de los ciclos de vida del producto, etc; y cuánta no es más que una forma de socializar riesgos y costes sociales de las empresas. Discutir en serio de flexibilidad no debe ser sólo discutir de las respuestas de la empresa individual a un ambiente hostil y de sus objetivos de captar excedente a costa de las condiciones de vida de sus empleados, sino analizar cómo debe reformarse la organización social para reducir las inestabilidades inaceptables y cómo debe distribuirse socialmente el peso de los ajustes.

Liberalización y privatización

            Por decreto, se supone que el mercado y la competencia establecen tal nivel de disciplina que convierte a las empresas en eficientes, mientras que las actividades públicas son el dominio de una burocracia parasitaria. En una economía de pequeñas empresas independientes pudiera ser que la existencia de normas comunes provocara la búsqueda de la eficiencia (aunque siempre expuesta a la enorme variedad de costes sociales y factores externos que hacen poco creíble que la rentabilidad sea una buena medida de la eficiencia). Pero en tiempos donde predomina las grandes concentraciones empresariales, donde en la mayor parte de procesos productivos se establecen complejas redes empresariales en las que predomina más la jerarquía que el mercado, esta pretensión es a menudo infundada. La experiencia de las privatizaciones y liberalizaciones de nuestros mercados de la electricidad (Endesa es un ejemplo a figurar en cualquier tratado sobre el tema) y telecomunicaciones son una buena falsación de estas teorías, y el funcionamiento de mercados con muchas empresas como el inmobiliario o el de la restauración (el sector más inflacionario de los últimos años) tampoco anima en esta dirección.

            Más bien deberíamos exigir a los economistas un buen entendimiento del funcionamiento de cada sector específico, de sus interacciones y efectos sociales. Y en función de ello adoptar modelos organizativos adecuados a lo que debería ser una buena gestión económica (equidad distributiva, cooperación productiva, buena calidad del servicio, minimización de costes sociales...).
Reforma estructural

            Si las cosas van mal es porque la estructura falla (otra propuesta razonable, pero donde la visión de qué falla en la estructura suele ser estrábica). Reforma estructural se traduce casi siempre en menos derechos laborales, adelgazamiento del sector público y recortes a todo el sistema de protección social. Aquello que algunos llevan meses exigiendo: hay que tomar medidas impopulares. Los resultados son de todos conocidos y no puede considerarse que allí donde se han aplicado las reformas estructurales los resultados hayan sido espectaculares ni que haya evidencia empírica de que en los países con menos estado y menos protección social se viva mejor o la economía sea más eficiente. Pero es una formula que gusta “a los mercados” (¡qué gran eufemismo!, cuando todo el mundo sabe que se trata sólo de un puñado de grandes grupos financieros y un reducido pelotón de millonarios mundiales que imponen sus intereses al conjunto de la sociedad).

            Aquí sí que hay que tomar en serio lo de las reformas estructurales. Empezando por la financiera y entrando en todas aquellas actividades sociales y económicas manifiestamente mejorables y claramente necesitadas de una democratización social. No tardaremos en escuchar que lo que pedimos no son reformas, sino la revolución.

            Con un cóctel de estos elementos, y alguno más que dejo para otra ocasión, se adereza toda la cocina de la economía neoliberal. ¿Quién dice que ser economista es difícil y altamente cualificado? Con aprenderse unas pocas recetas y una jerga adecuada, basta. Y mientras pueden olvidarse los grandes retos de la humanidad, los que realmente exigen repensar el funcionamiento conjunto de la actividad económica: la crisis ambiental, la pobreza y la desigualdad intolerable, la irresuelta crisis de los cuidados, la democratización, la militarización... Pero para articular otro proyecto hay que aplicar otro diccionario básico, otro marco conceptual con el que pensar las cosas y enfocar los problemas. Un marco conceptual del que carecen no sólo los funcionarios del poder sino también buena de los representantes de las clases sociales y grupos subalternos, de los que aspiran a otro mundo deseable. Transformar la lógica del discurso es tan urgente y necesario como organizarse frente a la nueva oleada de ajustes y reformas estructurales que quieren aplicarnos los que simplemente pretenden mantener intacto el statu quo.

20 mayo 2010

Información homenaje a Guillermo Ballina.

Homenaje a Guillermo Ballina

Una pieza en hormigón y zinc del escultor Adolfo Manzano recordará en el parque de La Deva de Salinas, a Guillermo Ballina. Grabados, en bajo relieve, los versos del Hombre alado que le definen. Un merecido reconocimiento a éste castrillonense, de Arnao. La iniciativa surge de un colectivo de amigos y es impulsada por las Comisiones Obreras, Izquierda Xunida, la Fundación de la izquierda d´Asturies, el ayuntamiento de Castrillón y el Real Spórting de Gijón, del que era socio y seguidor, y múltiples adhesiones a título individual.

El 20 de agosto de 2007, siendo concejal, una larga y penosa enfermedad consumió su vida. El próximo 12 de junio está prevista la inauguración.

Las personas interesadas en adherirse y colaborar en el sostenimiento de esta iniciativa pueden hacerlo mediante la adquisición de bonos que están a la venta a 20 euros o por ingreso en la cuenta de donativos 2048-0001- 78- 3404003636

18 mayo 2010

Laicismo y política en la España contemporánea

Ciudadan@:
El Ateneo Republicano de Castrillón les invita   a la charla coloquio sobre:
Laicismo y política en la España contemporánea.
El acto   tendrá lugar  el  jueves,  20 de mayo, a las  19 horas  en el Centro de Servicios  Sociales de Piedras Blancas (c/Rey Pelayo, nº 27  )

Interviene:
José Luis Iglesias,  Presidente de Asturias Laica.

05 mayo 2010

INAUGURACIÓN DE LA PLAZA “SOFÍA ROSÓN “

EL AYUNTAMIENTO DE DEGAÑA LE INVITA A LA INAUGURACIÓN DE LA PLAZA
“SOFÍA ROSÓN “
EL DÍA 15 DE MAYO A LAS 13H. EN CERREDO


Yo conocí a mi padre en un vagón de tren, por aquel entonces yo tenía once años, llevaba mucho tiempo sin verle, demasiado para un niño. Él había estado
en la cárcel por rojo. Cuando mi abuelo me llevo a León y me pago el billete hasta Gijón, me preguntó, ¿sabrás reconocer a tu padre?,yo le dije que sí,que le recordaba,pero no era cierto y cuando él se subió al tren y me vio con mi pañuelo, que envolvía un trozo de pan y un poco tocino, sobre las rodillas,
supo que era yo.Se sentó a mi lado,amablemente empezó a preguntarme muchas cosas,al final me miró y me dijo: Yo soy tu padre.
Así empezó mi vida una vez que salí de Cerredo, después de haber estado viviendo con mis abuelos (Tomás y Salomé, Casa Piriqueto), después de haber visto morir a mi madre (1937). Yo era un crío de ocho años, cuando todo sucedió y era el mayor de cinco hermanos, aquella noche que aún
recuerdo hoy claramente, llamaron a la puerta de mi casa. Estábamos en la cocina, nosotros y mi madre, a punto de cenar el caldo. ¡Somos la guardia civil!, gritó una voz desde fuera, mi madre me mandó abrir y ella fue a avisar a su tío desde una ventana en otra estancia. Yo intentaba abrir la puerta, pero no podía, me resultaba difícil, en aquel instante sonó el disparo.
Sé que mi madre agonizó en el corredor de mi casa, tirada en el suelo, pues yo oí sus lamentos durante toda la noche. Nosotros dentro encerrados, hasta que a la mañana siguiente mis abuelos vinieron a buscarnos.
Estudié aplicadamente en los Hermanos de La Salle de Gijón, hasta los quince, y luego trabajé como encargado del economato de la mina La Camocha, pero a los diecinueve decidí marcharme fuera de España. La obligación de cumplir con el servicio militar, bajo el gobierno de Franco me hizo comprar una “carta de llamada” y con ese documento de trabajo falso y un pasaporte que pude obtener gracias a mis antiguos profesores, me embarque un día en el navío Magallanes, desde el Musel rumbo a Venezuela, corría el año 1949.
Allí hice mi vida,empecé trabajando descargando camiones en Caracas, ganando un bolívar de sueldo y durmiendo debajo de un puente,hasta que pude pagarme una pensión.
Muchos años de duro trabajo que dieron su fruto, con el tiempo conseguí traerme a mis hermanos y darles estudios. Mucho después incluso a mi padre ya siendo un octogenario que no dejaba de estudiar y aprender con esas ganas de vivir que le caracterizaban.
¿Qué recuerdo de Cerredo? Pues todo. Recuerdo perfectamente el nombre de todas las calles, de todas las casas, que tenían el tejado de pizarra o paja y como estaban situadas, los caminos eran de piedra y no había agua en las asas,había que ir a la fuente.Entonces era un pueblo que vivía al son de la campana de la iglesia, cada toque tenía un mensaje y todos sabíamos lo que sucedía, recuerdo las misas y ver el pendón,al tío Florencio o al tío Baltasar que cantaban, puede parecer mentira pero la gente sabía escribir y con buena caligrafía y era normal que algunos vecinos hicieran funciones de escribiente o fiscal.
Yo estudié en las Antiguas Escuelas, cuando llegó la luz (venía de un molino de agua,molino de Benemérito) en cada casa hubo una bombilla. Era tal la expectación que mi abuelo intentó encender un cigarrillo, al ver que era imposible hacerlo exclamó: ¿Para qué sirve esto? ¡Para nada! Como anécdota de entonces, recuerdo una conversación de vecinos en La Costapina, que yo como niño curioso nunca olvidé: Todos sentados sobre una piedra estaban, el tío Pacho, Pepe el de Pablín, Manolo el de Rita y el tío Florencio Pacho- Chacho chacho dicen que el mundo anda dando vueltas. Pepe Pablín- Calla por Dios, yo Peña Mayor siempre la vi en el mismo sitio ¿Cómo van a decir esto? ¿Tú que dices? Manolo el de Rita- A mi dejadme en paz,dejadme en paz, ¡a mi la del Carmen!…
Pasados diez años regresé (1959) con un Opel Capitán que no cogía por los caminos, Cerredo había cambiado, con la explotación minera habían aparecido Las Colominas y la carretera ya llegaba a Cangas.Volví siempre que pude, y ahora ya viviendo en España, desde la muerte de mi padre, ya con mis hijos ocupándose de mis negocios en Venezuela, cada vez que cruzo La Collada regresa a mí, el cariño inmenso por el lugar y por las gentes que tan bien se portaron conmigo y los míos. Veo como mi pueblo ha ido creciendo, mejorando con el paso del tiempo, sólo puedo sentirme orgulloso de ello.


Pedro Fernández Rosón.
En: http://www.degania.org/faloupu6.pdf

04 mayo 2010

Cuaderno de crisis/17

Los mercados contraatacan
I
Aunque su rastro sólo se percibe en las pantallas del ordenador, las órdenes de compraventa que tienen lugar en los mercados financieros siempre las represento como el enjambre de naves espaciales que atacan un planeta en alguna película de ciencia ficción. Y sus efectos son a menudo tan devastadores como los de una presunta invasión extraterrestre (aunque, como ha recordado Stephen Hawking, para invasión demoledora la que protagonizaron los europeos en muchas partes del planeta a partir del s. XV). Ahora los mercados se han cebado en la deuda griega y posiblemente estén empezando a preparar nuevos ataques a los puntos flacos del área-euro. Es lo que siempre han hecho estas aves carroñeras, al menos en los últimos treinta años. Como ya han comentado muchos, no hay nada demasiado nuevo en lo que está ocurriendo en esta nueva crisis (para el que tenga memoria basta evocar la crisis de las monedas europeas de 1992-1993). Lo realmente inaudito no es que ocurran estos ataques sino que se tomen como un hecho natural, tan inevitable como la erupción de un volcán islandés o el movimiento de una placa tecnónica en Chile o en China.
La hegemonía del capitalismo financiero en la cultura económica es tal que ha conseguido naturalizar el papel de la especulación financiera. Hay en la teoría económica neoclásica un claro intento de configurar al mercado como una especie de marco natural de la vida humana. Pero la teórica convencional del mercado trata de compradores y vendedores que tratan de satisfacer sus necesidades mediante el intercambio mercantil. Se supone que los consumidores demandan productos en función de sus preferencias psicológicas de consumo y los productores adecúan sus decisiones de producción a estas demandas. Hay muchos supuestos irreales en el modelo convencional de mercado, se suelen pasar por alto cuestiones cruciales, pero al menos estos modelos tratan de explicar los comportamientos presentes en la vida normal de la gente y están basados en decisiones que, al menos en parte, obedecen a necesidades corrientes. Cosa bien distinta son los mercados financieros: En ellos no se van a satisfacer necesidades individuales a menos que la pulsión por el enriquecimiento y el dinero tengan que la consideración de comportamiento natural. El comportamiento de los inversores especulativos parece más próximo al de los ludópatas y a otro tipo de comportamientos patológicos (el mismo afán por acumular dinero tiene mucho de obsesión inmaterial o de busqueda del poder) que al comportamiento orientado a garantizar la buena vida. Para muchos pensadores sociales, economistas incluidos, no pueden tratarse igual los mercados de bienes y de productos, cada uno con sus características particulares, que los mercados financieros con sus lógicas específicas.
II
Siempre ha habido mercados financieros en las economías capitalistas. Y siempre han sido una fuente de desestabilización, como han subrayado todos los economistas que han tratado de desentrañar las características del capitalismo. Considerar que los mercados financieros son uno de los elementos que genera los pánicos y recesiones que periódicamente asolan a las economías capitalistas no supone negar la incidencia de otros factores ni negar que las crisis de los negocios son una característica estructural del capitalismo. Simplemente supone subrayar el papel que juega uno de sus elementos estructurantes: los mercados  De igual manera que hay bastante acuerdo en que una de las características de la fase neoliberal del capitalismo ha sido la financiarización: el crecimiento exponencial del capitalismo financiero en sus formas más especulativas.
El crecimiento de la financiarización es el resultado de un cúmulo de factores: algunos relacionados con los cambios en la estructura productiva y social; otros con el particular modo de regulación pública y su relación con el propio funcionamiento de los mercados financieros.
En la primera faceta están los enormes flujos financieros que ha generado la desigual suerte comercial que cada país ha experimentado en el proceso de globalización. Los países que sistemáticamente han generado un flujo neto de ingresos han acumulado enormes sumas de dinero que han alimentado los flujos financieros internacionales. Quizás los petrodólares a que dieron lugar las alzas de los precios petrolíferos en la década de 1970 constituyeron uno de los principales empujones a estos mercados, y ese es también el caso de los grandes exportadores del este de Asia, con China a la cabeza. Por otra parte, como ha subrayado  el economista chileno Jose Gabriel Palma (en “The revenge of the market on the rentiers”: Cambridge Journal of Economics, julio 2009) la expansión de los mercados financieros es en gran parte un efecto del creciente aumento de las desigualdades generado por las políticas y prácticas neoliberales y la creciente concentración de riqueza en pocas manos.
La otra cara del asunto es la profunda transformación del propio sistema financiero realizada gracias a la sucesión de reformas institucionales que han posibilitado la creación de variados y numerosos medios de especulación financiera: mercados de derivados,  empaquetamiento de créditos, apalancamiento generalizado, aseguramiento de inversiones especulativas... Gran parte de las operaciones especulativas se realizan a crédito, recurriendo a mecanismos que tienden a reducir el riesgo real de los especuladores y que, en todo caso, difícilmente pueden considerarse el tipo de riesgo patrimonial que siempre se ha utilizado como legitimación del beneficio capitalista. En paralelo a esta reforma de los mercados, de los productos financieros objeto de regulación, se produjo la reforma de las regulaciones que pesaban sobre las propias empresas financieras. Ello les permitió pasar de ser empresas especializadas en mercados particulares a empresas financieras generalistas con enorme capacidad de regulación de estos flujos financieros y también, como se ha puesto de manifiesto, de diluir o camuflar su propio riesgo transfiriéndolo a filiales opacas.
En suma, eso que es llamado eufemísticamente “los mercados”, eso que impone a países desafortunados costosos planes de ajuste, no es más que el interés de una minoría parasitaria y la gestión que del mismo hace un reducido grupo de intermediarios internacionales con capacidad de dirigir los flujos financieros en la dirección más adecuada a sus intereses. El mismo que ha orquestado la ingeniería financiera que ha provocardo una de las más agudas crisis de los últimos años, costosísima para los presupuestos públicos.
III
Sin duda, hay otras muchas cuestiones en juego. Una es la de las agencias de evaluación, las mismas que fallaron estrepitosamente en la crisis asiática, que fueron incapaces de detectar el fiasco de los grandes bancos de inversión, y que en más de una ocasión han estado bajo la sospecha de connivencia con algunos grupos financieros. Son ellas las que ahora no dudan en poner en la picota la situación financiera de determinados países y animar a los mercados a que exijan políticas de ajuste estructural.
Otra es el papel jugado por los sistemas de seguridad social basados en fondos de pensiones que operan en los mercados financieros. Fondos que, acaban también bajo la gestión de los grupos financieros (los verdaderos beneficiarios de las enormes comisiones que ganan con ello) que por tanto contribuyen a alimentar las burbujas especulativas.
Y otra es el posible juego de los capitales financieros estadounidenses en contra de los países de la zona euro. No por un prurito nacionalista, sino por una razón más prosaica: la consolidación del euro como moneda internacional podría poner en peligro los beneficios de regalía que tiene el sistema financiero estadounidense por el hecho de controlar la moneda base del sistema internacional. Pero para que este ataque sea posible no sólo es necesario que una o varias de las economías de la zona euro estén en problemas, sino también que el diseño institucional y la gestión política de la zona euro sea tan incompetente e insensata que impida tratar el problema por una vía diferente de la de la dependencia de los mercados financieros. Lo que hace años expresó mucha gente sobre el modelo de construcción europea, sobre la ilógica de construir un proceso de integración sobre la única base de un banco central dominado por un enfoque monetarista, se hace ahora evidente. No existe un sistema fiscal que ayude a salir del problema, ni tampoco una política financiera interna que aisle la presión de los mercados.
IV
Hay que desmontar la tiranía de los mercados. No podemos aceptar que el argumento de peso para justificar recortes sociales o laborales sea el de someterse a su disciplina. Si hay que hacer reformas hay que discutirlas y valorarlas por sus efectos reales, no porque lo decidan los especuladores. Aunque lo de “los mercados” suena a moderno, a análisis científico, mirado con lupa está más cerca de las exigencias y tributos que imponían los reyes y señores feudales cuando querían costear guerras u otros gastos improductivos. Porque someterse a “los mercados” (por supuesto financieros) es simplemente condicionar la organización social a la dictadura de una minoría de rentistas y financieros.
Y hay que empezar por romper los modelos de ajuste y los mecanismos de intervención de los mercados financieros introduciendo trabas a su funcionamiento y reduciendo su tamaño y su operativa. Joseph Stiglitz no se ha cansado de recordar que Thailandia es un ejemplo de país que al responder a la crisis de 1997 con restricciones a los movimientos de capitales especulativos alcanzó muchos mejores resultados que el resto de países de su entorno. Y si Thailandia lo hizo, más factible debería ser para potencias como la Unión Europea.
Hay múltiples propuestas de reformas estructurales de los mercados financieros. Pero, a corto plazo, lo que deben exigirse son respuestas de urgencia, no sólo de ayuda a países como Grecia, sino también de fijación de trabas a este bombardeo insistente con el que un grupo de ricos desalmados tratan de enriquecerse a costa de las condiciones de vida de millones de personas.
No nos digaís que nos sometamos a “los mercados”: reguladlos y limitad su mortífera actuación. (Lo que no quiere decir que cualquier política de despilfarro público sea aceptable ni que no exista necesidad de introducir profundas transformaciones en las economías reales, incluida una cierta austeridad por razones medioambientales). Nos atacan los marcianos y simplemente proponeís que nos sometamos. Ninguna izquierda que se precie, ningún movimiento sindical con futuro puede obviar el incluir en su programa de mínimos medidas de choque contra la especulación financiera, y en su proyecto reformista la necesidad de combatir el cáncer de la financiarización económica.

 
inicio