Anekdotas del saléu nes buries agües de internete.
Anekdotas de la navegación en las borrascosas aguas de internete.

05 mayo 2010

INAUGURACIÓN DE LA PLAZA “SOFÍA ROSÓN “

EL AYUNTAMIENTO DE DEGAÑA LE INVITA A LA INAUGURACIÓN DE LA PLAZA
“SOFÍA ROSÓN “
EL DÍA 15 DE MAYO A LAS 13H. EN CERREDO


Yo conocí a mi padre en un vagón de tren, por aquel entonces yo tenía once años, llevaba mucho tiempo sin verle, demasiado para un niño. Él había estado
en la cárcel por rojo. Cuando mi abuelo me llevo a León y me pago el billete hasta Gijón, me preguntó, ¿sabrás reconocer a tu padre?,yo le dije que sí,que le recordaba,pero no era cierto y cuando él se subió al tren y me vio con mi pañuelo, que envolvía un trozo de pan y un poco tocino, sobre las rodillas,
supo que era yo.Se sentó a mi lado,amablemente empezó a preguntarme muchas cosas,al final me miró y me dijo: Yo soy tu padre.
Así empezó mi vida una vez que salí de Cerredo, después de haber estado viviendo con mis abuelos (Tomás y Salomé, Casa Piriqueto), después de haber visto morir a mi madre (1937). Yo era un crío de ocho años, cuando todo sucedió y era el mayor de cinco hermanos, aquella noche que aún
recuerdo hoy claramente, llamaron a la puerta de mi casa. Estábamos en la cocina, nosotros y mi madre, a punto de cenar el caldo. ¡Somos la guardia civil!, gritó una voz desde fuera, mi madre me mandó abrir y ella fue a avisar a su tío desde una ventana en otra estancia. Yo intentaba abrir la puerta, pero no podía, me resultaba difícil, en aquel instante sonó el disparo.
Sé que mi madre agonizó en el corredor de mi casa, tirada en el suelo, pues yo oí sus lamentos durante toda la noche. Nosotros dentro encerrados, hasta que a la mañana siguiente mis abuelos vinieron a buscarnos.
Estudié aplicadamente en los Hermanos de La Salle de Gijón, hasta los quince, y luego trabajé como encargado del economato de la mina La Camocha, pero a los diecinueve decidí marcharme fuera de España. La obligación de cumplir con el servicio militar, bajo el gobierno de Franco me hizo comprar una “carta de llamada” y con ese documento de trabajo falso y un pasaporte que pude obtener gracias a mis antiguos profesores, me embarque un día en el navío Magallanes, desde el Musel rumbo a Venezuela, corría el año 1949.
Allí hice mi vida,empecé trabajando descargando camiones en Caracas, ganando un bolívar de sueldo y durmiendo debajo de un puente,hasta que pude pagarme una pensión.
Muchos años de duro trabajo que dieron su fruto, con el tiempo conseguí traerme a mis hermanos y darles estudios. Mucho después incluso a mi padre ya siendo un octogenario que no dejaba de estudiar y aprender con esas ganas de vivir que le caracterizaban.
¿Qué recuerdo de Cerredo? Pues todo. Recuerdo perfectamente el nombre de todas las calles, de todas las casas, que tenían el tejado de pizarra o paja y como estaban situadas, los caminos eran de piedra y no había agua en las asas,había que ir a la fuente.Entonces era un pueblo que vivía al son de la campana de la iglesia, cada toque tenía un mensaje y todos sabíamos lo que sucedía, recuerdo las misas y ver el pendón,al tío Florencio o al tío Baltasar que cantaban, puede parecer mentira pero la gente sabía escribir y con buena caligrafía y era normal que algunos vecinos hicieran funciones de escribiente o fiscal.
Yo estudié en las Antiguas Escuelas, cuando llegó la luz (venía de un molino de agua,molino de Benemérito) en cada casa hubo una bombilla. Era tal la expectación que mi abuelo intentó encender un cigarrillo, al ver que era imposible hacerlo exclamó: ¿Para qué sirve esto? ¡Para nada! Como anécdota de entonces, recuerdo una conversación de vecinos en La Costapina, que yo como niño curioso nunca olvidé: Todos sentados sobre una piedra estaban, el tío Pacho, Pepe el de Pablín, Manolo el de Rita y el tío Florencio Pacho- Chacho chacho dicen que el mundo anda dando vueltas. Pepe Pablín- Calla por Dios, yo Peña Mayor siempre la vi en el mismo sitio ¿Cómo van a decir esto? ¿Tú que dices? Manolo el de Rita- A mi dejadme en paz,dejadme en paz, ¡a mi la del Carmen!…
Pasados diez años regresé (1959) con un Opel Capitán que no cogía por los caminos, Cerredo había cambiado, con la explotación minera habían aparecido Las Colominas y la carretera ya llegaba a Cangas.Volví siempre que pude, y ahora ya viviendo en España, desde la muerte de mi padre, ya con mis hijos ocupándose de mis negocios en Venezuela, cada vez que cruzo La Collada regresa a mí, el cariño inmenso por el lugar y por las gentes que tan bien se portaron conmigo y los míos. Veo como mi pueblo ha ido creciendo, mejorando con el paso del tiempo, sólo puedo sentirme orgulloso de ello.


Pedro Fernández Rosón.
En: http://www.degania.org/faloupu6.pdf

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